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sábado, 15 de octubre de 2016

VIRGEN CON EL NIÑO CON SAN FELIPE Y SAN FRANCISCO DE FRANCISCO RIZI


Imagen.- Virgen con el Niño, con San Felipe y San Francisco,
conocida como al Virgen de los Angeles
Autor.- Francisco Rizi
Fecha.- 1650
Técnica.- Óleo sobre lienzo.
Lugar donde se encuentre.- Convento de los Padres Capuchinos de El Pardo de Madrid España.

      Francisco Rizi nace en Madrid en el año 1614, hijo de Antonio Ricci, un pintor italiano que vino a España para trabajar en la decoración del Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial. Francisco, su hijo, castellanizo su apellido por el de Rizi, con el que ha pasado a la historia de la pintura. Comenzó su oficio en el taller paterno, para pasar después al de  Vicente Carducho, donde pronto se destacó como uno de sus más notables alumnos. En 1.656 fue nombrado pintor del Rey.

      Durante siglos, los mecenas del arte en España fue la Iglesia, muchas de las grandes obras de Arte que han llegado a nuestros días pertenecen o pertenecieron a las órdenes religiosas, o a las Iglesias u otros edificios religiosos. Uno de los primeros encargos que recibe Francisco Rizi, cuando comienza su carrera en solitario, lejos de la atenta mirada de sus maestros, es esta obra, que en el mundo del Arte se conoce por varios nombres: Nuestra Señora de los Ángeles, La Virgen con Dos Santos o el que hemos tomado como titulo de esta entrada: Virgen con el Niño, con San Felipe y San Francisco, fue realizado en 1650.

    El autor nos presenta una aparición imposible de la Virgen María. Ya que los dos santos que contemplan la escena no son coetaneos: San Felipe, fue un discípulo del Señor y San Francisco de Asís, vivió en el siglo XII. Ante ellos aparece María, rodeada de Angeles, con el Niño Jesús en brazos, en medio de un arco. En la composición el autor utiliza numerosos símbolos marianos.

       La aparición mariana queda enmarcada en un arco, donde el autor nos muestra el barroquismo de su obra. Se trata de un arco, custodiado por dos arcos, ricamente adornados en su capiteles con ramos de frutas y hojarasca. Así como en el arco se ve la proliferación de adornos del barroco, a los pies de la imagen podemos ver dos grandes bolas de granito o marmol, que nos recuerdan las bolas herrerianas que puso de moda en el Escorial, su arquitecto el maestro Herrera, y que después utilizarian como forma de adorno en multitud de pueblos de Castilla, muy próximos a este Monasterio. Se encuentran sobre una base rectangular, sin adornos, que nos recuerda, sin duda el renacimiento.



      María aparece en el centro del citado arco. sentado sobre una una nube. La Virgen es representada como Madre, que tiene a su Hijo sobre su regazo. En su rostro vemos una de las características de este pintor barroco: su gran delicadeza, María dirige su mirada a San Francisco, mientras el Niño mira a San Felipe, convirtiendo la imagen en el vertice superior de un triangulo, cuyos otros dos vertices serían las imágenes de los dos santos. Destaca el color, otra de las características que Francisco Rizi. El autor exquisitamente combina los colores. Destaca el azul del manto de la Virgen, que lo llena todo, frente al rojo del vestido, o el blanco de los pañales del niño, donde encontramos otra gama del color del vestido de la Madre. María aparece con la cabeza, ligeramente inclinada hacía el lado derecho, el cabello al aire, en moviemiento, al igual que el velo que cubre su cabeza. El Niño Jesús sobre su regazo, parece queder escapar de los brazos de la Madre, dotando Rizi, de movimiento al pequeño, un movimiento que queda reflejado en los brazos, el derecho busca el pecho de la Madre, y en la postura de las piernas un poco forazada.

     María y el Niño aparecen sobre un cielo azul oscuro, más oscuro que el azul del manto de la Virgten, rodeando la aparición mariana, el pintor dispone una gran multitud de ángeles niños, a los que llena de movimiento en su vuelo, portando flores, instrumentos musicales, una corona, el orbe del mundo o un cetro. Sin duda en estos ángeles el pintor ha querido llenar de símbolismo su obra: María es representada como reina de cielos y tierra, y como símbolo de esta realeza, una corona ricamente ornada en oro, que dos ángeles portan sobre la cabeza de la Virgen y el cetro de oro, realizado con gran detalla y que porta un angélito sobre su hombro, mientras otro sostiene en su mano. Ambos lados de la Virgen encontramos una pequeña orquesta angélical, que toca trompetas y parecen bailar, llenos de gozo por la presencia de María. A los pies de la Virgen y sirviendo como pedestal a la misma, vemos la cabeza de tres querubines, mientras otro dos ángeles inician su vuelo, parece que hacía los dos santos que contemplan la escena. otros tres ángeles concluyen el simbolismo de la realeza mariana, poniendo bajo sus pies la bola del mundo. Desde los capiteles de la columna del arco, dos ángeles, con flores en sus manos contemplan la escena. A los pies de María crece una mata de flores, donde se mezclan las rosas, que nos recuerdan la letanía: Rosa Mística y un ramo de azucenas que nos recuerda la pureza virginal de la Madre de Jesús.


      En lado izquierdo, en la parte inferior del cuadro, vemos a San Felipe, uno de los apóstoles del Señor, que mira extasiado al lugar donde se está produciendo la aparición mariana. Francisco Rizi nos presenta a Felipe, como un hombre anciano, de poblada y largas barbas blancas, que dirige su mirada al cielo, arrobado por la presencia de María, parece quedar estático, frente al movimiento de los ángeles que acompañan la aparción de la Virgen. En su mano derecha porta una bastón acabado en una cruz, que nos recuerda el martiro del santo. Los colores utilizados son apagados, el verde cubre su túnica, mientras se arropa con un manto de color ocre, sin movimiento, recordando una imagen escultórica, sin vida. Ilumina la imagen del Santo, el resplandor de la luz que irradia la nube y la aparición mariana.


     En el lado opuesto y frente a San Felipe, el autor situa a San Francisco de Asís. Retrato de cuerpo entero del Santo de Asis. San Francisco se nos presenta como un hombre joven, paralizado en su camino por la aparición que ante sus ojos se presenta en el cielo. El pie derecho descansa sobre la tierra, mientras el izquierdo, parece haberse quedado paralizado, mientras daba un paso. Las manos se abren, asombradas ante la aparición de la Santísima Virgen María. El rostro se alza al cielo, la mirada en extasis se eleva hacía María, mientras esboza una sonrisa en su boca, el extasis llena de felicidad al Santo, que viste un hábito pobre, lleno de remiendos o telas viejas, por la multiformidad del color marrón que en él podemos descubrir. atado en la cintura el cordón franciscano anudado en el lado derecho del santo. En sus manos y pies, los estigmas de la Pasión del Señor: el recuerdo de la herida de los clavos que traspasaron las manos y los pies de Jesús. Como en San Felipe, la luz que irradia la nube de ángeles que envuelve a la Santisima Virgen María ilumina la figura del santo de Asís.  

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