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sábado, 7 de mayo de 2016

LLANTO SOBRE CRISTO MUERTO.


Imagen.- Llanto sobre Cristo Muerto. 
Autor.- Desconocido. 
Atribuido al Maestro de San Pablo de la Moraleja. 
Fecha.- Realizado entre 1490 - 1500 
Material.- Madera Policromada. 
Lugar donde se encuentra.- Museo Diocesano y Catedraliceo de Valladolid.

      Escúlpido para la calle central de un altar, se supone de estilo plateresco, del Monasterio Carmelita de San Pablo de la Moraleja (Valladolid) y donde estuvo, al menos, hasta el año 1876, cuando se recogen los últimos testimonios de la presencia de esta talla en este templo, año que se derriba la iglesa para la construcción del actual. Hoy se encuentra cobijado, bajo la puerta que daba acceso a una capilla situada en el Claustro de la Colegiata de Santa María de la Ciudad de Valladolid, actual Museo Diocesano y Catedraliceo de esta ciudad castellana. 

        Representa el momento en que Jesús tras ser descendido de la Cruz, en la tarde del Viernes Santo, es colocado sobre el regazo de la Santísima Virgen María. Escena que forma parte del sexto dolor de la vida de María o su Sexta Angustia. Alrededor de ella se situan: San Juan, María Magdalena, María la de Cleofas, María Salomé, José de Arimatea y Nicodemo, personajes, que como la escena no aparecen descritos en los Evangelios, aunque sí su presencia en el Calvario, como nos transmite Juan: "Junto a la cruz de Jesus estaban su madre, la hermana de su Madre, María la de Cleofas y María Magdalena. Jesús al ver a su madre y al discípulo que tanto quería". Apareciendo los dos varones, tras la muerte del Señor, para bajar su Cadáver de la Cruz. Y cuya presencia aparecen descritos en las apariciones de la Pasión de Santa Brígida o San Buenaventura, en los que muchos autores se inspiran para la creación de algunas obras de la Pasión.

           María aparece en el centro de la escena, sentada sobre una roca, sosteniendo sobre una de sus rodillas el cadáver de Jesús, a su lado, confortando su dolor, San Juan, quien ya ha acogido el encargo de Jesús y recibe a María como Madre, intentando con su abrazo mitigar su dolor. Junto a la cabeza del Señor, José de Arimatea sostiene la corona de espinas, recien quitada de la frente de Jesús y María Salomé, al otro lado de la Virgen aparecen Nicodemo, sosteniendo en sus manos los tres calvos que han sujetado a Jesús a la Cruz, y que desde el siglo XII iconograficamente es el encargado de quitar los tres clavos que sostenían al Señor a la Cruz, mientras con la otra mano sujeta la mano yerta del Señor, María de Cleofas y arrodillada a los pies del Cadáver, María Magdalena, con el frasco del perfume, dispuesta a enjugar el cadáver del Señor, como hiciera antes de la Pasión durante una cena en casa de Lázaro, el amigo de Betania. Cristo, deja caer su cuerpo, siendo María, incapaz de sostener tanto peso. El brazo cae al suelo, La cabeza ligeramente ladeada, donde se muestran los signos del rigor mortis en el color tumefacto del mismo. En la frente aún quedan las huellas de la corona de la espina, la herida provocada de la que corren hilos de sangre. En el torso, piernas y brazos, restos de las tortura de la Flagelación. Del costado abierto, por la herida abierta por la lanza del soldado, mana sangre y agua, una herida sin exceso como ocurrirá en el Barroco castellano. A los pies del Señor aparece una caravela y un cordero, La caravela para muchos autores recordaría el lugar donde se encuentra la sepultura de Adán, el primer hombre, que estaría situada a los pies de la Cruz en el Monte Calvario. La caravela representa la Muerte, que es vencida por Jesús, el Cordero Pascual, el cordero de la Nueva Alianza, que con su muerte en el sacrificio de la Cruz, libra a los hombres de la esclavitud de la muerte.

             Pero, sin duda, de este grupo escultórico, destaca la presencia de un hombre de pie, más alto que el resto de las imágenes y que se encuentra tras la figura de la Virgen María, vestido con una capa con capucha de color rojo, que mira de frente al creyente o espectador, mientras une los dedos indices de sus dos manos. Para algunos autores este personaje podría ser San Pablo, que uniendo sus dedos está narrando la escena que aparece ante nuestro ojos. Para otros autores podría tratarse del Evangelista San Mateo, ya que en algunas otras obras de la época aparece en la misma actitud. 


             El autor ha vestido a todos los personajes de esta escena con rica indumentaria, que podemos ver en las figuras de José de Arimatea y Nicodemo, en cuyos cuellos ha colgado ricos collares, que nos recuerdan su elevada posición social, eran miembros del Sanedrín. El rico tocado sobre la cabeza de María Salomé nos recuerda que se trata de una mujer joven, soltera. Mientras que el tocado de María de Cleofas, por su tocado, nos muestra una mujer adulta, viuda. María Magdalena es presentada como una mujer joven, rubia, peinada con tirabuzones y con un sofisticado tocado, que nos recuerda la moda del siglo XV en Castilla.


           Los rostros de las figuras son alargados y planos, barbillas pronunciadas, narices rectas y largas, cejas arqueadas y bocas y ojos entreabiertos en forma de media luna, dando a la escena un carácter dramático, mostrando abatimiento, tristeza, dolor, que el autor ha querido marcar poniendo en el rostro de todas las mujeres y de San Juan lágrimas, mientras que el rostro de José de Arimatea y Nicodemo muestran su dolor a traves del rictus de sus bocas entreabiertas y en las que podemos ver los dientes. Las miradas de todas las imágenes se muestran caídas, vacías.

               Sin duda nos encontramos ante una de las grandes obras de la Pasión de Castilla.

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