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lunes, 28 de noviembre de 2016

MARÍA, MUJER DE ADVIENTO


Se ha encendido un farol,
junto al hogar, donde una mujer
sueña, a estas horas,
el rostro de su Hijo, 
que en su seno, llama a la puerta,
mientras ella acaricia
su vientre, que es morada,
de Aquel que esta por llegar.
Eso es Adviento,
tiempo de espera junto a María,
hora de despertarse
sabiendo que el mundo
puede cambiar, 
que tú no estas sólo 
por que junto a ti, 
hay alguien al que preocupas
se interesa por tí,
que te espera,
como ahora esperamos
la venida del Hijo de María.

viernes, 4 de noviembre de 2016

EL NACIMIENTO DE LA VIRGEN MARÍA


Imagen.- Nacimiento de la Virgen María.
Autor.- Alonso Cano.
Fecha.- 1663 - 1164
Técnica.- Óleo sobre lienzo.
Lugar.- Retablo de la Capilla Mayor
de la Santa Iglesia Catedral de Granada.

      La infancia de la Virgen María nada sabemos con certeza. Ningún Evangelio nos habla de su infancia, ni nos transmite el nombre de sus padres, ni sabemos en que ciudad nacio. Los datos que tenemos son transmitidos desde los evangelios Apócrifos, aquellos que no reconoce la Iglesia como insipirados por Dios. El Evangelio de Santiago nos transmite el nombre de sus padres: Joaquín y Ana, de avanzada edad y sin hijos. Esta falta de descendencia se convierte en un grave problema para el matrimonio en la sociedad Israelí del momento. Pero lso dos confían en el Señor, oran, hacen penitencia, ayunos, hasta que Ana queda embarazada. siendo la noticia anunciada a Joaquín por un Angel, lo que hace que este nacimiento se tenga por milagroso.

      Alonso Cano nace en la ciudad de Granada en el año 1601, es considerado como uno de los maestros más importantes del Barroco Andaluz, Pronto entró en el taller familiar, ya que el padre era un Ensamblador de Retablos, En 1615 se traslada a la ciudad de Sevilla, entrando en el taller de Francisco Pacheco, donde coincidirá con Velazquez. Las primeras obras de este artista granadino, son colaboraciones con su padre en la ejecución de algunos altares. En la ciudad hispalense consigue entrar en el gremio de pintores, tras superar un examen, y Martínez Montañes le hará representante de escúltores y arquitectos de la ciudad hispalense. En 1638 se traslada a Madrid, donde va a ser nombrado pintor de Cámara. En Madrid, Alonso Cano se hará con una importante biblioteca y láminas de los artistas de la época, lo que le permitirá estar al día de las corrientes artísticas de su época. Eclipsado por Velazquez, Alonso Cano recibirá encargos para decorar las paredes del Alcázar Real, pero su fama se va a apagando, lo que le hace salir de Madrid, retirado en Granada, se hace sacerdote y donde va a realizar sus pinturas más importantes. 

       Tras la toma de Granada en 1492 por los Reyes Católicos, la Reina Isabel decide iniciar la Construcción de una Catedral, decidiendo que está sera levantada sobre la Mezquita Mayor de la ciudad. en  cuya Capilla Mayor serían sepultados el cuerpo de estos Monarcas. Carlos V continúo y afianzo las obras de esta Seo. La primera piedra de la nueva Catedral se coloco el día de la Encarnación del año 1525, y dedicándose está, al Misterio de la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo, concluyendose en el año 1704. En 1652 el Cabildro Catedraliceo de Granada decide realizar una serie de pinturas para la Capilla Mayor, al ser un templo dedicado a un misterio mariano como es la Anunciación y Encarnación del Verbo, se decide que el tema central de estas pinturas sean lienzos que tengan como tema central: la vida de Nuestra Señora. Eligiendo como pintor de estas obras a Alonso Cano, quien ya había realizado alguna obra para el mismo templo y como escultor estaba encargado de la conclusión de la obra, aunque no pudo llevar a cabo el encargo escultórico al morir antes de la conclusión del mismo.

           El lienzo del Nacimiento de Nuestra Señora es el sexto lienzo que finalizará el pintor granadino para la Capilla Mayor de la Seo de la Encarnación, situado al lado derecho del lienzo de la Inmaculada, con las mismas medidas que el resto de las escenas nos presenta una escena íntima de la vida de Santa Ana y San Joaquín, siendo espectadores del mismo los ángeles del cielo y el Espíritu Santo. Podríamos afirmar que nos encontramos cuatro escenas en este cuadro:

                    - En un primer plano San Joaquín sentado en una silla tiene y eleva en sus brazos a la Niña Maria.
                    - Las mujeres que han participado en el alumbramiento, esperan para adecentar a la Niña.
                    - Tras ellos, Santa Ana, recien parida, espera en la cama.
                    - Sobre ellos ángeles y el Espíritu Santo contemplan la escena.



      Alonso Cano, como escúltor situa la escena, sobre un escalón, como si fuera continuidad a las obras arquitectónicas de la Capilla, invitándonos a subir ese escalón, que nos distancia del resto de la capilla para entrar en la intimidad del hogar de Joaquín y Ana. Es un escalón que abarca toda la parte inferior del lienzo, simulando el mármol del que está construído el resto de la capilla, es, sin duda, un elemento más de la misma.


      San Joaquín, el padre de la Niña, sostiene a esta en sus brazos, sentado en una silla de madera, ricamente adornada, mientras eleva a la pequeña al cielo. Para algunos estudiosos del arte, el gesto del padre es el de ofrecer al cielo a la pequeña. Pero puede tratarse de una imagen, habitual en la corte de Madrid, donde el artista, como he comentado anteriormente vivió muchos años, y en la que había una antíquisima tradicción, el monarca tras el nacimiento de un infante o principe, era puesto en sus brazos y elevándo al neonato al cielo, le reconocía como hijo suyo. Destaca el vestido del Santo, frente a la desnudez de la pequeña Maria. San Joaquín aparece vestido como un hombre árabe, con un rico trubante, una túnica ocre, de la que sólo podemos ver el brazo que sostiene a María y una rica sobre túnica con capucha de un color violeta muy claro. Nos es presentado como un hombre anciano, el rostro envejecido, la barba larga y el bigote llenos de cana, nos recuerdan la ancianidad que según los evangelios apocrifos tendría el padre de la Virgen en el momento del Nacimiento de esta.


      La pequeña María es el centro del cuadro, en torno a la que gira todo. Es el centro de la escena, sin estar en el centro, como sería habitual, todas las miradas de los personajes del cuadro, excepto la de San Joaquín, se dirigen a ella. Pudieron trazar una línea entre el Espíritu Santo y la pequeña María.  La Niña, recien nacida, mira al cielo, su mano derecha sobre el pecho, recordando la humildad de esta Niña, ante la obra  que el Padre va a hacer en ella,  Un pañal cubre a la pequeña, y una diadema de doce estrellas corona su cabeza, recordando, una vez más, en el arte, la aparición narrada por Juan en el Apocalipsis, y su Inmaculada Concepción. 


    Frente a San Joaquín y la Virgen, tres mujeres, esperan. La composición de esta parte del cuadro, nos recuerda al cuadro de las Hilanderas de Velazquez, que Alonso Cano pudo conocer durante su estancia en la Corte de Madrid. Dos de las mujeres contemplan la escena del padre y la niña, mientras que la tercera mira hacía la cama, donde descansa Ana. Las dos primeras mujeres, matronas, aguardan con paños en sus manos a que Joaquín las ceda a la recién nacida, una sentada en el escalón, la otra de pies, las dos con toallas o lienzos en sus manos para limpiar a la neonata. A los pies de una y junto a la otra una palangana de barro con agua, en la que va a ser limpiada la Niña María. Son muchachas jóvenes, vestidas a la moda de la época, destaca el blanco de los lienzos o del pañuelo de la matrona sentada, sobre los colores ocres y verdes, apagados. Peinadas con moños. La tercera mujer, se preocupa de atender a Ana y es el enlace que une estas dos escenas con la parte posterior del cuadro, con Ana, apenas su rostro es preceptible, de perfil, poco detallado, sobresale sobre la oscuridad de la escena. 


    Sobre una escalera, al fondo del cuadro aparece el lecho de Santa Anta, allí donde la Madre de la Virgen, descansa tras haber dado a luz. Se trata de una construcción piramiral, en la que destaca el color rojo de las cortinas y la colcha que cubre a la madre de María. Unas cortinas, que como un telón, abierto, nos descubre a la anciana.


     Santa Ana acaba de dar a luz, Dios ha escuchado las oraciones de esta mujer, que hasta ese momento era estéril, cubierta por una sabana blanca y una colcha roja, une sus manos en oración, mientras eleva al cielo su acción de gracias, contemplando a la Niña que acaba de nacer. Es una mujer madura, lejos de la ancianidad que muchas veces el arte nos ha querido transmitir, un velo gris oculta su cabello, del mismo color es un manto que cabe sobre sus hombros, mientras una camisola blanca de manga larga, cubre sus brazos. La oscuridad del artista se apodera de esta parte del cuadro, donde por encima de ella destacan sin duda las ropas de la cama. La mirada de Ana, como de otros personajes del cuadro y como ya hemos apuntado se dirigen a la escena principal: la presentación de la Niña al cielo.


    Uno de los recursos del Barroco español es la aparición del cielo, que se abre al mundo real, el cielo se abre ante esta íntima escena familiar, cuatro ángeles acompañan al centro de la escena celeste: un paloma, simbolo del Espíritu Santo rompe la oscuridad y mira a la Niña, una línea recta se abre entre los dos, una línea que parece ir del Ave a la cabeza de la Niña, símbolizando a esa como esposa de Aquella. El Espíritu acoge la ofrenda de San Joaquín, mietras cuatro niños Ángeles contemplan devotamente la escena. El Espíritu ilumina no sólo el cielo, sino tambien el resto de la estancia, confirmando aquello que Dios y el Espíritu tiene guardado para el futuro de la Niña: María es la elegida para traer al mundo a Jesús. 

sábado, 15 de octubre de 2016

VIRGEN CON EL NIÑO CON SAN FELIPE Y SAN FRANCISCO DE FRANCISCO RIZI


Imagen.- Virgen con el Niño, con San Felipe y San Francisco,
conocida como al Virgen de los Angeles
Autor.- Francisco Rizi
Fecha.- 1650
Técnica.- Óleo sobre lienzo.
Lugar donde se encuentre.- Convento de los Padres Capuchinos de El Pardo de Madrid España.

      Francisco Rizi nace en Madrid en el año 1614, hijo de Antonio Ricci, un pintor italiano que vino a España para trabajar en la decoración del Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial. Francisco, su hijo, castellanizo su apellido por el de Rizi, con el que ha pasado a la historia de la pintura. Comenzó su oficio en el taller paterno, para pasar después al de  Vicente Carducho, donde pronto se destacó como uno de sus más notables alumnos. En 1.656 fue nombrado pintor del Rey.

      Durante siglos, los mecenas del arte en España fue la Iglesia, muchas de las grandes obras de Arte que han llegado a nuestros días pertenecen o pertenecieron a las órdenes religiosas, o a las Iglesias u otros edificios religiosos. Uno de los primeros encargos que recibe Francisco Rizi, cuando comienza su carrera en solitario, lejos de la atenta mirada de sus maestros, es esta obra, que en el mundo del Arte se conoce por varios nombres: Nuestra Señora de los Ángeles, La Virgen con Dos Santos o el que hemos tomado como titulo de esta entrada: Virgen con el Niño, con San Felipe y San Francisco, fue realizado en 1650.

    El autor nos presenta una aparición imposible de la Virgen María. Ya que los dos santos que contemplan la escena no son coetaneos: San Felipe, fue un discípulo del Señor y San Francisco de Asís, vivió en el siglo XII. Ante ellos aparece María, rodeada de Angeles, con el Niño Jesús en brazos, en medio de un arco. En la composición el autor utiliza numerosos símbolos marianos.

       La aparición mariana queda enmarcada en un arco, donde el autor nos muestra el barroquismo de su obra. Se trata de un arco, custodiado por dos arcos, ricamente adornados en su capiteles con ramos de frutas y hojarasca. Así como en el arco se ve la proliferación de adornos del barroco, a los pies de la imagen podemos ver dos grandes bolas de granito o marmol, que nos recuerdan las bolas herrerianas que puso de moda en el Escorial, su arquitecto el maestro Herrera, y que después utilizarian como forma de adorno en multitud de pueblos de Castilla, muy próximos a este Monasterio. Se encuentran sobre una base rectangular, sin adornos, que nos recuerda, sin duda el renacimiento.



      María aparece en el centro del citado arco. sentado sobre una una nube. La Virgen es representada como Madre, que tiene a su Hijo sobre su regazo. En su rostro vemos una de las características de este pintor barroco: su gran delicadeza, María dirige su mirada a San Francisco, mientras el Niño mira a San Felipe, convirtiendo la imagen en el vertice superior de un triangulo, cuyos otros dos vertices serían las imágenes de los dos santos. Destaca el color, otra de las características que Francisco Rizi. El autor exquisitamente combina los colores. Destaca el azul del manto de la Virgen, que lo llena todo, frente al rojo del vestido, o el blanco de los pañales del niño, donde encontramos otra gama del color del vestido de la Madre. María aparece con la cabeza, ligeramente inclinada hacía el lado derecho, el cabello al aire, en moviemiento, al igual que el velo que cubre su cabeza. El Niño Jesús sobre su regazo, parece queder escapar de los brazos de la Madre, dotando Rizi, de movimiento al pequeño, un movimiento que queda reflejado en los brazos, el derecho busca el pecho de la Madre, y en la postura de las piernas un poco forazada.

     María y el Niño aparecen sobre un cielo azul oscuro, más oscuro que el azul del manto de la Virgten, rodeando la aparición mariana, el pintor dispone una gran multitud de ángeles niños, a los que llena de movimiento en su vuelo, portando flores, instrumentos musicales, una corona, el orbe del mundo o un cetro. Sin duda en estos ángeles el pintor ha querido llenar de símbolismo su obra: María es representada como reina de cielos y tierra, y como símbolo de esta realeza, una corona ricamente ornada en oro, que dos ángeles portan sobre la cabeza de la Virgen y el cetro de oro, realizado con gran detalla y que porta un angélito sobre su hombro, mientras otro sostiene en su mano. Ambos lados de la Virgen encontramos una pequeña orquesta angélical, que toca trompetas y parecen bailar, llenos de gozo por la presencia de María. A los pies de la Virgen y sirviendo como pedestal a la misma, vemos la cabeza de tres querubines, mientras otro dos ángeles inician su vuelo, parece que hacía los dos santos que contemplan la escena. otros tres ángeles concluyen el simbolismo de la realeza mariana, poniendo bajo sus pies la bola del mundo. Desde los capiteles de la columna del arco, dos ángeles, con flores en sus manos contemplan la escena. A los pies de María crece una mata de flores, donde se mezclan las rosas, que nos recuerdan la letanía: Rosa Mística y un ramo de azucenas que nos recuerda la pureza virginal de la Madre de Jesús.


      En lado izquierdo, en la parte inferior del cuadro, vemos a San Felipe, uno de los apóstoles del Señor, que mira extasiado al lugar donde se está produciendo la aparición mariana. Francisco Rizi nos presenta a Felipe, como un hombre anciano, de poblada y largas barbas blancas, que dirige su mirada al cielo, arrobado por la presencia de María, parece quedar estático, frente al movimiento de los ángeles que acompañan la aparción de la Virgen. En su mano derecha porta una bastón acabado en una cruz, que nos recuerda el martiro del santo. Los colores utilizados son apagados, el verde cubre su túnica, mientras se arropa con un manto de color ocre, sin movimiento, recordando una imagen escultórica, sin vida. Ilumina la imagen del Santo, el resplandor de la luz que irradia la nube y la aparición mariana.


     En el lado opuesto y frente a San Felipe, el autor situa a San Francisco de Asís. Retrato de cuerpo entero del Santo de Asis. San Francisco se nos presenta como un hombre joven, paralizado en su camino por la aparición que ante sus ojos se presenta en el cielo. El pie derecho descansa sobre la tierra, mientras el izquierdo, parece haberse quedado paralizado, mientras daba un paso. Las manos se abren, asombradas ante la aparición de la Santísima Virgen María. El rostro se alza al cielo, la mirada en extasis se eleva hacía María, mientras esboza una sonrisa en su boca, el extasis llena de felicidad al Santo, que viste un hábito pobre, lleno de remiendos o telas viejas, por la multiformidad del color marrón que en él podemos descubrir. atado en la cintura el cordón franciscano anudado en el lado derecho del santo. En sus manos y pies, los estigmas de la Pasión del Señor: el recuerdo de la herida de los clavos que traspasaron las manos y los pies de Jesús. Como en San Felipe, la luz que irradia la nube de ángeles que envuelve a la Santisima Virgen María ilumina la figura del santo de Asís.  

sábado, 7 de mayo de 2016

LLANTO SOBRE CRISTO MUERTO.


Imagen.- Llanto sobre Cristo Muerto. 
Autor.- Desconocido. 
Atribuido al Maestro de San Pablo de la Moraleja. 
Fecha.- Realizado entre 1490 - 1500 
Material.- Madera Policromada. 
Lugar donde se encuentra.- Museo Diocesano y Catedraliceo de Valladolid.

      Escúlpido para la calle central de un altar, se supone de estilo plateresco, del Monasterio Carmelita de San Pablo de la Moraleja (Valladolid) y donde estuvo, al menos, hasta el año 1876, cuando se recogen los últimos testimonios de la presencia de esta talla en este templo, año que se derriba la iglesa para la construcción del actual. Hoy se encuentra cobijado, bajo la puerta que daba acceso a una capilla situada en el Claustro de la Colegiata de Santa María de la Ciudad de Valladolid, actual Museo Diocesano y Catedraliceo de esta ciudad castellana. 

        Representa el momento en que Jesús tras ser descendido de la Cruz, en la tarde del Viernes Santo, es colocado sobre el regazo de la Santísima Virgen María. Escena que forma parte del sexto dolor de la vida de María o su Sexta Angustia. Alrededor de ella se situan: San Juan, María Magdalena, María la de Cleofas, María Salomé, José de Arimatea y Nicodemo, personajes, que como la escena no aparecen descritos en los Evangelios, aunque sí su presencia en el Calvario, como nos transmite Juan: "Junto a la cruz de Jesus estaban su madre, la hermana de su Madre, María la de Cleofas y María Magdalena. Jesús al ver a su madre y al discípulo que tanto quería". Apareciendo los dos varones, tras la muerte del Señor, para bajar su Cadáver de la Cruz. Y cuya presencia aparecen descritos en las apariciones de la Pasión de Santa Brígida o San Buenaventura, en los que muchos autores se inspiran para la creación de algunas obras de la Pasión.

           María aparece en el centro de la escena, sentada sobre una roca, sosteniendo sobre una de sus rodillas el cadáver de Jesús, a su lado, confortando su dolor, San Juan, quien ya ha acogido el encargo de Jesús y recibe a María como Madre, intentando con su abrazo mitigar su dolor. Junto a la cabeza del Señor, José de Arimatea sostiene la corona de espinas, recien quitada de la frente de Jesús y María Salomé, al otro lado de la Virgen aparecen Nicodemo, sosteniendo en sus manos los tres calvos que han sujetado a Jesús a la Cruz, y que desde el siglo XII iconograficamente es el encargado de quitar los tres clavos que sostenían al Señor a la Cruz, mientras con la otra mano sujeta la mano yerta del Señor, María de Cleofas y arrodillada a los pies del Cadáver, María Magdalena, con el frasco del perfume, dispuesta a enjugar el cadáver del Señor, como hiciera antes de la Pasión durante una cena en casa de Lázaro, el amigo de Betania. Cristo, deja caer su cuerpo, siendo María, incapaz de sostener tanto peso. El brazo cae al suelo, La cabeza ligeramente ladeada, donde se muestran los signos del rigor mortis en el color tumefacto del mismo. En la frente aún quedan las huellas de la corona de la espina, la herida provocada de la que corren hilos de sangre. En el torso, piernas y brazos, restos de las tortura de la Flagelación. Del costado abierto, por la herida abierta por la lanza del soldado, mana sangre y agua, una herida sin exceso como ocurrirá en el Barroco castellano. A los pies del Señor aparece una caravela y un cordero, La caravela para muchos autores recordaría el lugar donde se encuentra la sepultura de Adán, el primer hombre, que estaría situada a los pies de la Cruz en el Monte Calvario. La caravela representa la Muerte, que es vencida por Jesús, el Cordero Pascual, el cordero de la Nueva Alianza, que con su muerte en el sacrificio de la Cruz, libra a los hombres de la esclavitud de la muerte.

             Pero, sin duda, de este grupo escultórico, destaca la presencia de un hombre de pie, más alto que el resto de las imágenes y que se encuentra tras la figura de la Virgen María, vestido con una capa con capucha de color rojo, que mira de frente al creyente o espectador, mientras une los dedos indices de sus dos manos. Para algunos autores este personaje podría ser San Pablo, que uniendo sus dedos está narrando la escena que aparece ante nuestro ojos. Para otros autores podría tratarse del Evangelista San Mateo, ya que en algunas otras obras de la época aparece en la misma actitud. 


             El autor ha vestido a todos los personajes de esta escena con rica indumentaria, que podemos ver en las figuras de José de Arimatea y Nicodemo, en cuyos cuellos ha colgado ricos collares, que nos recuerdan su elevada posición social, eran miembros del Sanedrín. El rico tocado sobre la cabeza de María Salomé nos recuerda que se trata de una mujer joven, soltera. Mientras que el tocado de María de Cleofas, por su tocado, nos muestra una mujer adulta, viuda. María Magdalena es presentada como una mujer joven, rubia, peinada con tirabuzones y con un sofisticado tocado, que nos recuerda la moda del siglo XV en Castilla.


           Los rostros de las figuras son alargados y planos, barbillas pronunciadas, narices rectas y largas, cejas arqueadas y bocas y ojos entreabiertos en forma de media luna, dando a la escena un carácter dramático, mostrando abatimiento, tristeza, dolor, que el autor ha querido marcar poniendo en el rostro de todas las mujeres y de San Juan lágrimas, mientras que el rostro de José de Arimatea y Nicodemo muestran su dolor a traves del rictus de sus bocas entreabiertas y en las que podemos ver los dientes. Las miradas de todas las imágenes se muestran caídas, vacías.

               Sin duda nos encontramos ante una de las grandes obras de la Pasión de Castilla.

lunes, 11 de abril de 2016

LOS POETAS CANTAN A MARÍA. HIMNO EVA NOS VISTIÓ DE LUTO



Eva nos vistió de luto, 
de Dios también nos privó
 e hizo mortales; 
mas de vos salió tal fruto 
que puso en paz y quitó 
tantos males.

 Por Eva la maldición
Cayó en el género humano
Y el castigo;
Mas por vos la bendición
 fue, y a todos dio la mano
Dios amigo.

 Un solo Dios trino y uno
A vos hizo sola y una:
Más perfecta
Después de Dios no hay ninguna,
Ni es a Dios persona alguna
 Más acepta.

 ¡Oh cuánto la tierra os debe!
Pues que por vos Dios volvió
 La noche en día,
 Por vos, más blanca que nieve,
El pecador alcanzó Paz y alegría.

martes, 29 de marzo de 2016

NUESTRA SEÑORA DE LAS NIEVES O DE LA ESPERANZA DE MEDINA DEL CAMPO


Imagen.- Nuestra Señora de las Nieves o de la Esperanza.
Autor.- Desconocido.
Siglo.- Probablemente fue realizada en el siglo XVI
Técnica.- Madera policromada, coronada con una corona
de estaó y plomo sobredorados.
Lugar donde se encuentra.-Museo de las Ferias de la Ciudad
castellana de Medina del Campo (Valladolid).


      La ciudad de Medina del Campo, como la mayor parte de las ciuddades y pueblos castellanos se encontraba protegida por una muralla, esta muralla tenía una serie de puertas que recibían el nombre de la ciudad o localidad donde el camino que en ella comenzaba, concluía. Así tenemos que en Medina del Campo había una puerta que se llamaba la Puerta de Salamanca, que dirigía los pasos de los medinenses hacía la capital Charra. En esa puerta había una pequeña capilla, para otros, podríamos decir que era una capilla, donde se veneraba una imagen de la Santísima Virgen María, y que muchos afirman que es la imagen a la que hoy dedicamos esta entrada en nuestro Blog mariano, y que era venerada bajo la advocación de las Nieves o de la Esperanza. 

    La imagen de Nuestra Señora de las Nieves o de la Esperanza se encuentra muy erraigada dentro de la historia de esta localidad vallisoletana. Fernando e Isabel, los Reyes Católicos, fomentaron esta devoción, al conceder a la ermita un privilegio, por el que, se debían pagar seis maravedíes por cada carga que llegaba del vecino reino de Portugal y se asentara en la Calle de Salamanca durante las ferias de esta localidad castellana. Pero, sin duda, uno de los momentos más importantes en la devoción de esta imagen mariana tuvo lugar el año 1600, cuando se hunde la puerta de Salamanca, sin causar daños perosnales y salvándose milagrosamente la imagen, aunque estuvo durante nueve días bajo los cascotes y la tierra de la ruina de la Puerta de Salamanca. Hayándola acabo de esos días sin ningún daño tanto en la imagen de la Virgen como del Niño que mantiene en sus brazos. 

    Durante muchos años, Nuestra Señora de las Nieves o de la Esperanza, fue invocada por sus vecinos de la Calle de Salamanca, como protectora contra la Peste, así hay constancia en las Crónicas de la ciudad, en dos ocasiones: en dos ocasiones una gran peste azotó esta villa vallisoletana, no produciendose ninguna víctima entre los vecinos de esta calle.  

     El pueblo de Medina celebraba la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves en su capilla o ermita de la Puerta de Salamanca todos los años el día 6 de agosto, festividad de Santa María de las Nieves en el calendario litúrgico romano. En el año 1.872 se derriba la Puerta de Salamanca, desaparece la Ermita y la imagen de Nuestra Señora de las Nieves es trasaldada al Hospital General de Simón Ruiz de la misma Villa Vallisoletana y donde permanecerá hasta nuestros días, ya que este hospital se integra dentro del Museo de las Ferias de la Villa de Medina del Campo. 

     La imagen de nuestra Señora de las Nieves sigue el modelo iconográfico mariano maternal establecido en el siglo XVI, María aparece sentada sobre un trono, sirviendo ella misma como Trono del Niño Jesús, es decir Sede de la Sabiduria, Sede del mismo Rey y del mismo Dios. El autor de la imagen abandona la concepción simbólica de la imagen, para doter de una concepción más natural de la Madre y del Hijo. Naturalidad que queda, sobre todo, representada tanto en el rostro de la Virgen como en el del Niño. La Madre baja la mirada hacía el Niño, no mira de frente al fiel, mientras que el Niño no busca los ojos de María, sino que mira de frente al devoto. El autor, además de configurar cierto realismo en sus imágenes, da un paso adelante, e introduce nuevos adornos en las figuras: Así coloca un largo collar que cae sobre el pecho de la Virgen, se retuerce en su vientre, recordándonos las cuentas de un rosario. María, como ocurriera en el Románico, muestra a su hijo, en  su mano derecha abierta, cogida con dos dedos un pequeño fruto al Niño Jesús, símbolo del papel redentor de la Madre en la Misión Salvífica del Hijo. El Niño sostiene sobre su cuerpo, fuertemente apretado por una de sus manos una esfera, que representa el Poder de Jesús sobre el Mundo y los Hombres. La Madre viste una túnica dorada y estofada en color beige, mientras se cubre con un manto de color azul, que nos recuerda la pureza de Nuestra Señora, como la túnica dorada y estofada. Mientras el Niño viste una túnica abierta, en cotraposición de algunas representaciones de la época del Niño desnudo, la túnica esta abierta, lo que nos recuerda que es un hombre, la Encarnación de Dios como Hombre, que vive como hombre y comparte la historia de los hombres. A pesar de no haber comunicación entre los dos, la escena está cargada de movimiento: moviemiento de la mano que muestra el fruto al Niño, en la mano de la Virgen, que con naturalidad, sostiene el cuerpo del Hijo para que no se caiga de su regazo. Movimiento en el Niño que abraza con fuerza la escena, mientras con la otra mano, descansando sobre el pecho de su Madre, bendice a los devotos. 

    Por último descubrimos en la Corona que corona la cabeza de Nuestra Señora de las Nieves una joya de la orfebreria del siglo XVI castellano. Se trata de una pieza realizada en estaño dorado, de la que podemos decir que es una de las pocas que han llegado hasta nosotros. Compuesta de motivos vegetales que se entrelazados, pero realizados de forma sin mucho cuidado, ya que podemos ver en ella resto de su soldadura.