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lunes, 7 de diciembre de 2015

NOVENA A LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA. DÍA OCTAVO



Oración Inicial para todos los días 

Virgen Santa e Inmaculada, a Ti, 
 que eres el orgullo de nuestro pueblo 
 y el amparo maternal de nuestra ciudad, 
 nos acogemos con confianza y amor. 

 Eres toda belleza, María. 
 En Ti no hay mancha de pecado. 
 Renueva en nosotros el deseo de ser santos: 
 que en nuestras palabras resplandezca la verdad, 
 que nuestras obras sean un canto a la caridad, 
 que en nuestro cuerpo y en nuestro corazón brillen la pureza y la castidad, 
 que en nuestra vida se refleje el esplendor del Evangelio.

 Eres toda belleza, María. 
 En Ti se hizo carne la Palabra de Dios. 
 Ayúdanos a estar siempre atentos a la voz del Señor: 
que no seamos sordos al grito de los pobres, 
 que el sufrimiento de los enfermos y de los oprimidos no nos encuentre distraídos, 
 que la soledad de los ancianos y la indefensión de los niños no nos dejen indiferentes, 
 que amemos y respetemos siempre la vida humana. 

 Eres toda belleza, María. 
 En Ti vemos la alegría completa de la vida dichosa con Dios. 
 Haz que nunca perdamos el rumbo en este mundo: 
 que la luz de la fe ilumine nuestra vida, 
 que la fuerza consoladora de la esperanza dirija nuestros pasos, 
 que el ardor entusiasta del amor inflame nuestro corazón, 
 que nuestros ojos estén fijos en el Señor, fuente de la verdadera alegría. 

 Eres toda belleza, María. 
 Escucha nuestra oración, atiende a nuestra súplica: 
 que el amor misericordioso de Dios en Jesús nos seduzca, 
 que la belleza divina nos salve, a nosotros, 
a nuestra ciudad y al mundo entero. 
 Amén. 

 Francisco. Oración a la Inmaculada Concepción 8 de diciembre de 2.014

Meditación para el Octavo Día de la Novena

    "Cantad al Señor un cántico nuevo" (Sal 97/98, 1) "El Cántico nuevo" es la Inmaculada Concepción de Aquella que fue predestinada a ser la Madre del Hijo de Dios en el misterio de la Encarnación. proclaman la preservación de la esclavitud del pecado. Refieren el milagro de la gracia de Dios. Este milagro es una victoria aún más grande que la que el Dios de Israel consiguió sobre los opresores de su Pueblo. El milagro de la Inmaculada Concepción es la victoria de Cristo-Redentor. El pecado, como herencia de Adán ―el pecado original― fue vencido en el primer instante de la concepción de Aquella que fue elegida para ser la Madre del Redentor. Este milagro de la gracia fue realizado por la "diestra" y el "santo brazo" de Aquel que fue clavado en la cruz por la redención de los pecados de toda la humanidad. ¡La que fue elegida eternamente para ser su Madre, fue redimida de modo privilegiado! SAN JUAN PABLO II. Angelus, 8 de diciembre de 1.984

Oración para el Octavo Día

      Salve Reina de misericordia, Señora del mundo, Reina del cielo, Virgen de las vírgenes, Sancta Sánctorum, luz de los ciegos, gloria de los justos, perdón de los pecadores, reparación de los desesperados, fortaleza de los lánguidos, salud del orbe, espejo de toda pureza. Haga tu piedad que el mundo conozca y experimente aquella gracia que tú hallaste ante el Señor, obteniendo con tus santos ruegos perdón para los pecadores, medicina para los enfermos, fortaleza para los pusilánimes, consuelo para los afligidos, auxilio para los que peligran. Por ti tengamos acceso fácil a tu Hijo, oh bendita y llena de gracia, madre de la vida y de nuestra salud, para que por ti nos reciba el que por ti se nos dio. Excuse ante tus ojos tu pureza las culpas de nuestra naturaleza corrompida: obténganos tu humildad tan grata a Dios el perdón de nuestra vanidad. Encubra tu inagotable caridad la muchedumbre de nuestros pecados: y tu gloriosa fecundidad nos conceda abundancia de merecimientos. Oh Señora nuestra, Mediadora nuestra, y Abogada nuestra: reconcílianos con tu Hijo, recomiéndanos a tu Hijo, preséntanos á tu Hijo. Haz, oh Bienaventurada, por la gracia que hallaste ante el Señor, por las prerrogativas que mereciste y por la misericordia que engendraste, que Jesucristo tu Hijo y Señor nuestro, bendito por siempre y sobre todas las cosas, así como por tu medio se dignó hacerse participante de nuestra debilidad y miserias, así nos haga participantes también por tu intercesión de su gloria y felicidad.

Oración a María Inmaculada en Adviento

       Madre Inmaculada, ya que estás otra vez con tu Hijo, y reinas con él en el cielo, mientras nosotros quedamos en esta tierra poblada de precarias alegrías y de preocupaciones cada vez mayores, ayúdanos a hacer de este tiempo de Adviento una espera eficaz que nos santifique y nos consagre al servicio del prójimo. No se aguarda cruzado de brazos al Señor. La acción y la oración deben llenar nuestra vida. Y cuando llegue nuestra hora y tengamos que atar nuestra gavilla para presentarla al Señor: Madre, quédate a nuestro lado. Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Alabanza a Santa María Inmaculada 

Tú eres la Llena de Gracia, la Inmacualada, Que aprendamos siempre a vivir en Gracia. 
 Dios te Salve Maria. 
 Tu eres la Virgen fiel y prudente. Que aprendamos a vivir en fidelidad. 
 Dios Te Salve María. 
 Tú eres el auxilio de los Cristianos. Que tengamos coraje y valentía para testimoniar la fe. 
 Dios Te Salve María. 

 Pidase la gracia que se quiere alcanzar en esta novena

Oración Final Para todos los días. 

  ¡Oh Virgen Inmaculada, en este momento quisiera confiarte especialmente a los "pequeños" de nuestra ciudad: ante todo a los niños, y especialmente a los que están gravemente enfermos; a los muchachos pobres y a los que sufren las consecuencias de situaciones familiares duras! Vela sobre ellos y haz que sientan, en el afecto y la ayuda de quienes están a su lado, el calor del amor de Dios. 

   Te encomiendo, oh María, a los ancianos solos, a los enfermos, a los inmigrantes que encuentran dificultad para integrarse, a las familias que luchan por cuadrar sus cuentas y a las personas que no encuentran trabajo o que han perdido un puesto de trabajo indispensable para seguir adelante.

   Enséñanos, María, a ser solidarios con quienes pasan dificultades, a colmar las desigualdades sociales cada vez más grandes; ayúdanos a cultivar un sentido más vivo del bien común, del respeto a lo que es público; impúlsanos a sentir la ciudad —y de modo especial nuestra ciudad de Roma— como patrimonio de todos, y a hacer cada uno, con conciencia y empeño, nuestra parte para construir una sociedad más justa y solidaria. 

    ¡Oh Madre Inmaculada, que eres para todos signo de segura esperanza y de consuelo, haz que nos dejemos atraer por tu pureza inmaculada! Tu belleza —Tota pulchra, cantamos hoy— nos garantiza que es posible la victoria del amor; más aún, que es cierta; nos asegura que la gracia es más fuerte que el pecado y que, por tanto, es posible el rescate de cualquier esclavitud. 

     Sí, ¡oh María!, tu nos ayudas a creer con más confianza en el bien, a apostar por la gratuidad, por el servicio, por la no violencia, por la fuerza de la verdad; nos estimulas a permanecer despiertos, a no caer en la tentación de evasiones fáciles, a afrontar con valor y responsabilidad la realidad, con sus problemas. 

     Así lo hiciste tú, joven llamada a arriesgarlo todo por la Palabra del Señor. Sé madre amorosa para nuestros jóvenes, para que tengan el valor de ser "centinelas de la mañana", y da esta virtud a todos los cristianos para que sean alma del mundo en esta época no fácil de la historia. 

 BENEDICTO XVI. 8 de diciembre de 2.008

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