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sábado, 5 de diciembre de 2015

NOVENA A LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA. DÍA SEXTO



Oración Inicial para todos los días

 Virgen Santa e Inmaculada, a Ti, 
que eres el orgullo de nuestro pueblo 
 y el amparo maternal de nuestra ciudad, 
 nos acogemos con confianza y amor. 

 Eres toda belleza, María. 
 En Ti no hay mancha de pecado. 
 Renueva en nosotros el deseo de ser santos: 
 que en nuestras palabras resplandezca la verdad, 
 que nuestras obras sean un canto a la caridad, 
 que en nuestro cuerpo y en nuestro corazón brillen la pureza y la castidad, 
 que en nuestra vida se refleje el esplendor del Evangelio. 

 Eres toda belleza, María. 
En Ti se hizo carne la Palabra de Dios. 
 Ayúdanos a estar siempre atentos a la voz del Señor: 
que no seamos sordos al grito de los pobres, 
 que el sufrimiento de los enfermos y de los oprimidos no nos encuentre distraídos, 
 que la soledad de los ancianos y la indefensión de los niños no nos dejen indiferentes, 
 que amemos y respetemos siempre la vida humana. 

Eres toda belleza, María. 
 En Ti vemos la alegría completa de la vida dichosa con Dios. 
 Haz que nunca perdamos el rumbo en este mundo: 
 que la luz de la fe ilumine nuestra vida, 
 que la fuerza consoladora de la esperanza dirija nuestros pasos, 
 que el ardor entusiasta del amor inflame nuestro corazón, 
 que nuestros ojos estén fijos en el Señor, fuente de la verdadera alegría. 

 Eres toda belleza, María. 
 Escucha nuestra oración, atiende a nuestra súplica: 
 que el amor misericordioso de Dios en Jesús nos seduzca, 
 que la belleza divina nos salve, a nosotros, 
 a nuestra ciudad y al mundo entero. Amén. Francisco. 

Oración a la Inmaculada Concepción 8 de diciembre de 2.014

Meditación para el día sexto

      El milagro de la Inmaculada Concepción es la victoria de Cristo-Redentor. El pecado, como herencia de Adán ―el pecado original― fue vencido en el primer instante de la concepción de Aquella que fue elegida para ser la Madre del Redentor. Este milagro de la gracia fue realizado por la "diestra" y el "santo brazo" de Aquel que fue clavado en la cruz por la redención de los pecados de toda la humanidad. ¡La que fue elegida eternamente para ser su Madre, fue redimida de modo privilegiado! 3. He aquí el signo del "nuevo comienzo", la revelación de la "nueva vida" en las profundidades más íntimas del ser humano. He aquí el testimonio innegable de la salvación: ¡Dios es Salvador! "Los confines de la tierra han contemplado / la victoria de nuestro Dios" (Sal 97/98, 3). SAN JUAN PABLO II. Angelus, 8 de diciembre de 1.984

Oración para el sexto día.

Santa Virgen María,
 no ha nacido en el mundo
 ninguna semejante a ti
 entre las mujeres, 
 hija y esclava del altísimo y sumo Rey, 
 el Padre celestial, 
 Madre de nuestro santísimo Señor Jesucristo, 
 esposa del Espíritu Santo: 
 ruega por nosotros ante 
tu santísimo amado Hijo, Señor y maestro

Oración a María Inmaculada en Adviento

       Madre Inmaculada, ya que estás otra vez con tu Hijo, y reinas con él en el cielo, mientras nosotros quedamos en esta tierra poblada de precarias alegrías y de preocupaciones cada vez mayores, ayúdanos a hacer de este tiempo de Adviento una espera eficaz que nos santifique y nos consagre al servicio del prójimo. No se aguarda cruzado de brazos al Señor. La acción y la oración deben llenar nuestra vida. Y cuando llegue nuestra hora y tengamos que atar nuestra gavilla para presentarla al Señor: Madre, quédate a nuestro lado. Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Alabanza a Santa María Inmaculada 

Tú eres la Llena de Gracia, la Inmacualada, Que aprendamos siempre a vivir en Gracia. 
 Dios te Salve Maria. 

 Tu eres la Virgen fiel y prudente. Que aprendamos a vivir en fidelidad. 
Dios Te Salve María. 

Tú eres el auxilio de los Cristianos. Que tengamos coraje y valentía para testimoniar la fe. 
 Dios Te Salve María. 

 Pidase la gracia que se quiere alcanzar en esta novena

Oración Final Para todos los días.

 ¡Oh Virgen Inmaculada, en este momento quisiera confiarte especialmente a los "pequeños" de nuestra ciudad: ante todo a los niños, y especialmente a los que están gravemente enfermos; a los muchachos pobres y a los que sufren las consecuencias de situaciones familiares duras! Vela sobre ellos y haz que sientan, en el afecto y la ayuda de quienes están a su lado, el calor del amor de Dios. 

Te encomiendo, oh María, a los ancianos solos, a los enfermos, a los inmigrantes que encuentran dificultad para integrarse, a las familias que luchan por cuadrar sus cuentas y a las personas que no encuentran trabajo o que han perdido un puesto de trabajo indispensable para seguir adelante. 

Enséñanos, María, a ser solidarios con quienes pasan dificultades, a colmar las desigualdades sociales cada vez más grandes; ayúdanos a cultivar un sentido más vivo del bien común, del respeto a lo que es público; impúlsanos a sentir la ciudad —y de modo especial nuestra ciudad de Roma— como patrimonio de todos, y a hacer cada uno, con conciencia y empeño, nuestra parte para construir una sociedad más justa y solidaria. 

¡Oh Madre Inmaculada, que eres para todos signo de segura esperanza y de consuelo, haz que nos dejemos atraer por tu pureza inmaculada! Tu belleza —Tota pulchra, cantamos hoy— nos garantiza que es posible la victoria del amor; más aún, que es cierta; nos asegura que la gracia es más fuerte que el pecado y que, por tanto, es posible el rescate de cualquier esclavitud. 

 Sí, ¡oh María!, tu nos ayudas a creer con más confianza en el bien, a apostar por la gratuidad, por el servicio, por la no violencia, por la fuerza de la verdad; nos estimulas a permanecer despiertos, a no caer en la tentación de evasiones fáciles, a afrontar con valor y responsabilidad la realidad, con sus problemas. 

Así lo hiciste tú, joven llamada a arriesgarlo todo por la Palabra del Señor. Sé madre amorosa para nuestros jóvenes, para que tengan el valor de ser "centinelas de la mañana", y da esta virtud a todos los cristianos para que sean alma del mundo en esta época no fácil de la historia. 

 BENEDICTO XVI. 8 de diciembre de 2.008

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