Páginas vistas en total

lunes, 7 de diciembre de 2015

NOVENA A LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA. DÍA OCTAVO



Oración Inicial para todos los días 

Virgen Santa e Inmaculada, a Ti, 
 que eres el orgullo de nuestro pueblo 
 y el amparo maternal de nuestra ciudad, 
 nos acogemos con confianza y amor. 

 Eres toda belleza, María. 
 En Ti no hay mancha de pecado. 
 Renueva en nosotros el deseo de ser santos: 
 que en nuestras palabras resplandezca la verdad, 
 que nuestras obras sean un canto a la caridad, 
 que en nuestro cuerpo y en nuestro corazón brillen la pureza y la castidad, 
 que en nuestra vida se refleje el esplendor del Evangelio.

 Eres toda belleza, María. 
 En Ti se hizo carne la Palabra de Dios. 
 Ayúdanos a estar siempre atentos a la voz del Señor: 
que no seamos sordos al grito de los pobres, 
 que el sufrimiento de los enfermos y de los oprimidos no nos encuentre distraídos, 
 que la soledad de los ancianos y la indefensión de los niños no nos dejen indiferentes, 
 que amemos y respetemos siempre la vida humana. 

 Eres toda belleza, María. 
 En Ti vemos la alegría completa de la vida dichosa con Dios. 
 Haz que nunca perdamos el rumbo en este mundo: 
 que la luz de la fe ilumine nuestra vida, 
 que la fuerza consoladora de la esperanza dirija nuestros pasos, 
 que el ardor entusiasta del amor inflame nuestro corazón, 
 que nuestros ojos estén fijos en el Señor, fuente de la verdadera alegría. 

 Eres toda belleza, María. 
 Escucha nuestra oración, atiende a nuestra súplica: 
 que el amor misericordioso de Dios en Jesús nos seduzca, 
 que la belleza divina nos salve, a nosotros, 
a nuestra ciudad y al mundo entero. 
 Amén. 

 Francisco. Oración a la Inmaculada Concepción 8 de diciembre de 2.014

Meditación para el Octavo Día de la Novena

    "Cantad al Señor un cántico nuevo" (Sal 97/98, 1) "El Cántico nuevo" es la Inmaculada Concepción de Aquella que fue predestinada a ser la Madre del Hijo de Dios en el misterio de la Encarnación. proclaman la preservación de la esclavitud del pecado. Refieren el milagro de la gracia de Dios. Este milagro es una victoria aún más grande que la que el Dios de Israel consiguió sobre los opresores de su Pueblo. El milagro de la Inmaculada Concepción es la victoria de Cristo-Redentor. El pecado, como herencia de Adán ―el pecado original― fue vencido en el primer instante de la concepción de Aquella que fue elegida para ser la Madre del Redentor. Este milagro de la gracia fue realizado por la "diestra" y el "santo brazo" de Aquel que fue clavado en la cruz por la redención de los pecados de toda la humanidad. ¡La que fue elegida eternamente para ser su Madre, fue redimida de modo privilegiado! SAN JUAN PABLO II. Angelus, 8 de diciembre de 1.984

Oración para el Octavo Día

      Salve Reina de misericordia, Señora del mundo, Reina del cielo, Virgen de las vírgenes, Sancta Sánctorum, luz de los ciegos, gloria de los justos, perdón de los pecadores, reparación de los desesperados, fortaleza de los lánguidos, salud del orbe, espejo de toda pureza. Haga tu piedad que el mundo conozca y experimente aquella gracia que tú hallaste ante el Señor, obteniendo con tus santos ruegos perdón para los pecadores, medicina para los enfermos, fortaleza para los pusilánimes, consuelo para los afligidos, auxilio para los que peligran. Por ti tengamos acceso fácil a tu Hijo, oh bendita y llena de gracia, madre de la vida y de nuestra salud, para que por ti nos reciba el que por ti se nos dio. Excuse ante tus ojos tu pureza las culpas de nuestra naturaleza corrompida: obténganos tu humildad tan grata a Dios el perdón de nuestra vanidad. Encubra tu inagotable caridad la muchedumbre de nuestros pecados: y tu gloriosa fecundidad nos conceda abundancia de merecimientos. Oh Señora nuestra, Mediadora nuestra, y Abogada nuestra: reconcílianos con tu Hijo, recomiéndanos a tu Hijo, preséntanos á tu Hijo. Haz, oh Bienaventurada, por la gracia que hallaste ante el Señor, por las prerrogativas que mereciste y por la misericordia que engendraste, que Jesucristo tu Hijo y Señor nuestro, bendito por siempre y sobre todas las cosas, así como por tu medio se dignó hacerse participante de nuestra debilidad y miserias, así nos haga participantes también por tu intercesión de su gloria y felicidad.

Oración a María Inmaculada en Adviento

       Madre Inmaculada, ya que estás otra vez con tu Hijo, y reinas con él en el cielo, mientras nosotros quedamos en esta tierra poblada de precarias alegrías y de preocupaciones cada vez mayores, ayúdanos a hacer de este tiempo de Adviento una espera eficaz que nos santifique y nos consagre al servicio del prójimo. No se aguarda cruzado de brazos al Señor. La acción y la oración deben llenar nuestra vida. Y cuando llegue nuestra hora y tengamos que atar nuestra gavilla para presentarla al Señor: Madre, quédate a nuestro lado. Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Alabanza a Santa María Inmaculada 

Tú eres la Llena de Gracia, la Inmacualada, Que aprendamos siempre a vivir en Gracia. 
 Dios te Salve Maria. 
 Tu eres la Virgen fiel y prudente. Que aprendamos a vivir en fidelidad. 
 Dios Te Salve María. 
 Tú eres el auxilio de los Cristianos. Que tengamos coraje y valentía para testimoniar la fe. 
 Dios Te Salve María. 

 Pidase la gracia que se quiere alcanzar en esta novena

Oración Final Para todos los días. 

  ¡Oh Virgen Inmaculada, en este momento quisiera confiarte especialmente a los "pequeños" de nuestra ciudad: ante todo a los niños, y especialmente a los que están gravemente enfermos; a los muchachos pobres y a los que sufren las consecuencias de situaciones familiares duras! Vela sobre ellos y haz que sientan, en el afecto y la ayuda de quienes están a su lado, el calor del amor de Dios. 

   Te encomiendo, oh María, a los ancianos solos, a los enfermos, a los inmigrantes que encuentran dificultad para integrarse, a las familias que luchan por cuadrar sus cuentas y a las personas que no encuentran trabajo o que han perdido un puesto de trabajo indispensable para seguir adelante.

   Enséñanos, María, a ser solidarios con quienes pasan dificultades, a colmar las desigualdades sociales cada vez más grandes; ayúdanos a cultivar un sentido más vivo del bien común, del respeto a lo que es público; impúlsanos a sentir la ciudad —y de modo especial nuestra ciudad de Roma— como patrimonio de todos, y a hacer cada uno, con conciencia y empeño, nuestra parte para construir una sociedad más justa y solidaria. 

    ¡Oh Madre Inmaculada, que eres para todos signo de segura esperanza y de consuelo, haz que nos dejemos atraer por tu pureza inmaculada! Tu belleza —Tota pulchra, cantamos hoy— nos garantiza que es posible la victoria del amor; más aún, que es cierta; nos asegura que la gracia es más fuerte que el pecado y que, por tanto, es posible el rescate de cualquier esclavitud. 

     Sí, ¡oh María!, tu nos ayudas a creer con más confianza en el bien, a apostar por la gratuidad, por el servicio, por la no violencia, por la fuerza de la verdad; nos estimulas a permanecer despiertos, a no caer en la tentación de evasiones fáciles, a afrontar con valor y responsabilidad la realidad, con sus problemas. 

     Así lo hiciste tú, joven llamada a arriesgarlo todo por la Palabra del Señor. Sé madre amorosa para nuestros jóvenes, para que tengan el valor de ser "centinelas de la mañana", y da esta virtud a todos los cristianos para que sean alma del mundo en esta época no fácil de la historia. 

 BENEDICTO XVI. 8 de diciembre de 2.008

domingo, 6 de diciembre de 2015

NOVENA A LA INMACULADA CONCEPCIÓN. DÍA SEPTIMO



Oración Inicial para todos los días

 Virgen Santa e Inmaculada, a Ti, 
 que eres el orgullo de nuestro pueblo 
 y el amparo maternal de nuestra ciudad, 
 nos acogemos con confianza y amor. 

 Eres toda belleza, María. 
 En Ti no hay mancha de pecado. 
 Renueva en nosotros el deseo de ser santos: 
 que en nuestras palabras resplandezca la verdad, 
 que nuestras obras sean un canto a la caridad, 
 que en nuestro cuerpo y en nuestro corazón brillen la pureza y la castidad, 
 que en nuestra vida se refleje el esplendor del Evangelio. 
 Eres toda belleza, María. 
 En Ti se hizo carne la Palabra de Dios. 
 Ayúdanos a estar siempre atentos a la voz del Señor: 
que no seamos sordos al grito de los pobres, 
 que el sufrimiento de los enfermos y de los oprimidos no nos encuentre distraídos, 
 que la soledad de los ancianos y la indefensión de los niños no nos dejen indiferentes, 
 que amemos y respetemos siempre la vida humana. 

 Eres toda belleza, María. 
 En Ti vemos la alegría completa de la vida dichosa con Dios. 
 Haz que nunca perdamos el rumbo en este mundo: 
 que la luz de la fe ilumine nuestra vida, 
 que la fuerza consoladora de la esperanza dirija nuestros pasos, 
 que el ardor entusiasta del amor inflame nuestro corazón, 
 que nuestros ojos estén fijos en el Señor, fuente de la verdadera alegría. 

 Eres toda belleza, María. 
 Escucha nuestra oración, atiende a nuestra súplica: 
 que el amor misericordioso de Dios en Jesús nos seduzca, 
 que la belleza divina nos salve, a nosotros, a nuestra ciudad y al mundo entero. 
Amén.

 Francisco. Oración a la Inmaculada Concepción 8 de diciembre de 2.014

Meditación para el Septimo Día

      La preservación de María del pecado original, desde el primer instante de su ser, representa el primero y radical efecto de la obra redentora de Cristo y vincula a la Virgen, con un lazo íntimo e indisoluble, a la encarnación del Hijo, que, antes de nacer de Ella, la redime del modo más sublime. Este gran misterio mariano, con el cual comienza, en la historia, la redención del hombre, estaba ya previsto en el eterno designio de Dios Padre, en el que María, preservada inmune del pecado original en atención a los méritos de Cristo, está predestinada a ser en el tiempo la digna Madre del mismo Salvador. Además de ser un privilegio sublime que exalta a María sobre todas las criaturas humanas y sobre los mismos coros angélicos, su concepción sin pecado fue condición eminente de gracia para que toda su persona, desde el primer instante, se dispusiera en la más completa libertad, la del pecado original, al servicio de Cristo y de su obra redentora, en favor de toda la humanidad. SAN JUAN PABLO II. 8 de diciembre de 1.983

Oración para el Septimo Dia

Brillante Luna de la nueva evangelización, 
que con tu fulgor iluminas la noche 
por la que tantos deambulan 
sin rumbo en el mundo de la «cultura de muerte», 
alumbra todo humano caminar 
con la luz del Señor Jesús que sin igual sabes reflejar.


Oración a María Inmaculada en Adviento

       Madre Inmaculada, ya que estás otra vez con tu Hijo, y reinas con él en el cielo, mientras nosotros quedamos en esta tierra poblada de precarias alegrías y de preocupaciones cada vez mayores, ayúdanos a hacer de este tiempo de Adviento una espera eficaz que nos santifique y nos consagre al servicio del prójimo. No se aguarda cruzado de brazos al Señor. La acción y la oración deben llenar nuestra vida. Y cuando llegue nuestra hora y tengamos que atar nuestra gavilla para presentarla al Señor: Madre, quédate a nuestro lado. Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Alabanza a Santa María Inmaculada 

       Tú eres la Llena de Gracia, la Inmacualada, Que aprendamos siempre a vivir en Gracia. Dios te Salve Maria. Tu eres la Virgen fiel y prudente. Que aprendamos a vivir en fidelidad. Dios Te Salve María. Tú eres el auxilio de los Cristianos. Que tengamos coraje y valentía para testimoniar la fe. Dios Te Salve María. Pidase la gracia que se quiere alcanzar en esta novena

Alabanza a Santa María Inmaculada

Tú eres la Llena de Gracia, la Inmacualada, Que aprendamos siempre a vivir en Gracia. 
 Dios te Salve Maria. 
 Tu eres la Virgen fiel y prudente. Que aprendamos a vivir en fidelidad. 
 Dios Te Salve María. 
 Tú eres el auxilio de los Cristianos. Que tengamos coraje y valentía para testimoniar la fe. 
 Dios Te Salve María. 

 Pidase la gracia que se quiere alcanzar en esta novena

Oración Final Para todos los días.

 ¡Oh Virgen Inmaculada, en este momento quisiera confiarte especialmente a los "pequeños" de nuestra ciudad: ante todo a los niños, y especialmente a los que están gravemente enfermos; a los muchachos pobres y a los que sufren las consecuencias de situaciones familiares duras! Vela sobre ellos y haz que sientan, en el afecto y la ayuda de quienes están a su lado, el calor del amor de Dios. 

Te encomiendo, oh María, a los ancianos solos, a los enfermos, a los inmigrantes que encuentran dificultad para integrarse, a las familias que luchan por cuadrar sus cuentas y a las personas que no encuentran trabajo o que han perdido un puesto de trabajo indispensable para seguir adelante. 

Enséñanos, María, a ser solidarios con quienes pasan dificultades, a colmar las desigualdades sociales cada vez más grandes; ayúdanos a cultivar un sentido más vivo del bien común, del respeto a lo que es público; impúlsanos a sentir la ciudad —y de modo especial nuestra ciudad de Roma— como patrimonio de todos, y a hacer cada uno, con conciencia y empeño, nuestra parte para construir una sociedad más justa y solidaria. 

 ¡Oh Madre Inmaculada, que eres para todos signo de segura esperanza y de consuelo, haz que nos dejemos atraer por tu pureza inmaculada! Tu belleza —Tota pulchra, cantamos hoy— nos garantiza que es posible la victoria del amor; más aún, que es cierta; nos asegura que la gracia es más fuerte que el pecado y que, por tanto, es posible el rescate de cualquier esclavitud. 

 Sí, ¡oh María!, tu nos ayudas a creer con más confianza en el bien, a apostar por la gratuidad, por el servicio, por la no violencia, por la fuerza de la verdad; nos estimulas a permanecer despiertos, a no caer en la tentación de evasiones fáciles, a afrontar con valor y responsabilidad la realidad, con sus problemas. Así lo hiciste tú, joven llamada a arriesgarlo todo por la Palabra del Señor. 

Sé madre amorosa para nuestros jóvenes, para que tengan el valor de ser "centinelas de la mañana", y da esta virtud a todos los cristianos para que sean alma del mundo en esta época no fácil de la historia.  
BENEDICTO XVI. 8 de diciembre de 2.008

sábado, 5 de diciembre de 2015

NOVENA A LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA. DÍA SEXTO



Oración Inicial para todos los días

 Virgen Santa e Inmaculada, a Ti, 
que eres el orgullo de nuestro pueblo 
 y el amparo maternal de nuestra ciudad, 
 nos acogemos con confianza y amor. 

 Eres toda belleza, María. 
 En Ti no hay mancha de pecado. 
 Renueva en nosotros el deseo de ser santos: 
 que en nuestras palabras resplandezca la verdad, 
 que nuestras obras sean un canto a la caridad, 
 que en nuestro cuerpo y en nuestro corazón brillen la pureza y la castidad, 
 que en nuestra vida se refleje el esplendor del Evangelio. 

 Eres toda belleza, María. 
En Ti se hizo carne la Palabra de Dios. 
 Ayúdanos a estar siempre atentos a la voz del Señor: 
que no seamos sordos al grito de los pobres, 
 que el sufrimiento de los enfermos y de los oprimidos no nos encuentre distraídos, 
 que la soledad de los ancianos y la indefensión de los niños no nos dejen indiferentes, 
 que amemos y respetemos siempre la vida humana. 

Eres toda belleza, María. 
 En Ti vemos la alegría completa de la vida dichosa con Dios. 
 Haz que nunca perdamos el rumbo en este mundo: 
 que la luz de la fe ilumine nuestra vida, 
 que la fuerza consoladora de la esperanza dirija nuestros pasos, 
 que el ardor entusiasta del amor inflame nuestro corazón, 
 que nuestros ojos estén fijos en el Señor, fuente de la verdadera alegría. 

 Eres toda belleza, María. 
 Escucha nuestra oración, atiende a nuestra súplica: 
 que el amor misericordioso de Dios en Jesús nos seduzca, 
 que la belleza divina nos salve, a nosotros, 
 a nuestra ciudad y al mundo entero. Amén. Francisco. 

Oración a la Inmaculada Concepción 8 de diciembre de 2.014

Meditación para el día sexto

      El milagro de la Inmaculada Concepción es la victoria de Cristo-Redentor. El pecado, como herencia de Adán ―el pecado original― fue vencido en el primer instante de la concepción de Aquella que fue elegida para ser la Madre del Redentor. Este milagro de la gracia fue realizado por la "diestra" y el "santo brazo" de Aquel que fue clavado en la cruz por la redención de los pecados de toda la humanidad. ¡La que fue elegida eternamente para ser su Madre, fue redimida de modo privilegiado! 3. He aquí el signo del "nuevo comienzo", la revelación de la "nueva vida" en las profundidades más íntimas del ser humano. He aquí el testimonio innegable de la salvación: ¡Dios es Salvador! "Los confines de la tierra han contemplado / la victoria de nuestro Dios" (Sal 97/98, 3). SAN JUAN PABLO II. Angelus, 8 de diciembre de 1.984

Oración para el sexto día.

Santa Virgen María,
 no ha nacido en el mundo
 ninguna semejante a ti
 entre las mujeres, 
 hija y esclava del altísimo y sumo Rey, 
 el Padre celestial, 
 Madre de nuestro santísimo Señor Jesucristo, 
 esposa del Espíritu Santo: 
 ruega por nosotros ante 
tu santísimo amado Hijo, Señor y maestro

Oración a María Inmaculada en Adviento

       Madre Inmaculada, ya que estás otra vez con tu Hijo, y reinas con él en el cielo, mientras nosotros quedamos en esta tierra poblada de precarias alegrías y de preocupaciones cada vez mayores, ayúdanos a hacer de este tiempo de Adviento una espera eficaz que nos santifique y nos consagre al servicio del prójimo. No se aguarda cruzado de brazos al Señor. La acción y la oración deben llenar nuestra vida. Y cuando llegue nuestra hora y tengamos que atar nuestra gavilla para presentarla al Señor: Madre, quédate a nuestro lado. Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Alabanza a Santa María Inmaculada 

Tú eres la Llena de Gracia, la Inmacualada, Que aprendamos siempre a vivir en Gracia. 
 Dios te Salve Maria. 

 Tu eres la Virgen fiel y prudente. Que aprendamos a vivir en fidelidad. 
Dios Te Salve María. 

Tú eres el auxilio de los Cristianos. Que tengamos coraje y valentía para testimoniar la fe. 
 Dios Te Salve María. 

 Pidase la gracia que se quiere alcanzar en esta novena

Oración Final Para todos los días.

 ¡Oh Virgen Inmaculada, en este momento quisiera confiarte especialmente a los "pequeños" de nuestra ciudad: ante todo a los niños, y especialmente a los que están gravemente enfermos; a los muchachos pobres y a los que sufren las consecuencias de situaciones familiares duras! Vela sobre ellos y haz que sientan, en el afecto y la ayuda de quienes están a su lado, el calor del amor de Dios. 

Te encomiendo, oh María, a los ancianos solos, a los enfermos, a los inmigrantes que encuentran dificultad para integrarse, a las familias que luchan por cuadrar sus cuentas y a las personas que no encuentran trabajo o que han perdido un puesto de trabajo indispensable para seguir adelante. 

Enséñanos, María, a ser solidarios con quienes pasan dificultades, a colmar las desigualdades sociales cada vez más grandes; ayúdanos a cultivar un sentido más vivo del bien común, del respeto a lo que es público; impúlsanos a sentir la ciudad —y de modo especial nuestra ciudad de Roma— como patrimonio de todos, y a hacer cada uno, con conciencia y empeño, nuestra parte para construir una sociedad más justa y solidaria. 

¡Oh Madre Inmaculada, que eres para todos signo de segura esperanza y de consuelo, haz que nos dejemos atraer por tu pureza inmaculada! Tu belleza —Tota pulchra, cantamos hoy— nos garantiza que es posible la victoria del amor; más aún, que es cierta; nos asegura que la gracia es más fuerte que el pecado y que, por tanto, es posible el rescate de cualquier esclavitud. 

 Sí, ¡oh María!, tu nos ayudas a creer con más confianza en el bien, a apostar por la gratuidad, por el servicio, por la no violencia, por la fuerza de la verdad; nos estimulas a permanecer despiertos, a no caer en la tentación de evasiones fáciles, a afrontar con valor y responsabilidad la realidad, con sus problemas. 

Así lo hiciste tú, joven llamada a arriesgarlo todo por la Palabra del Señor. Sé madre amorosa para nuestros jóvenes, para que tengan el valor de ser "centinelas de la mañana", y da esta virtud a todos los cristianos para que sean alma del mundo en esta época no fácil de la historia. 

 BENEDICTO XVI. 8 de diciembre de 2.008

viernes, 4 de diciembre de 2015

NOVENA A LA INMACUALDA CONCEPCIÓN. DIA QUINTO



Oración Inical para todos los días

 Virgen Santa e Inmaculada, 
a Ti, que eres el orgullo de nuestro pueblo 
 y el amparo maternal de nuestra ciudad, 
 nos acogemos con confianza y amor. 

 Eres toda belleza, María. 
 En Ti no hay mancha de pecado. 
 Renueva en nosotros el deseo de ser santos: 
 que en nuestras palabras resplandezca la verdad, 
 que nuestras obras sean un canto a la caridad, 
 que en nuestro cuerpo y en nuestro corazón brillen la pureza y la castidad, 
 que en nuestra vida se refleje el esplendor del Evangelio. 

 Eres toda belleza, María. En Ti se hizo carne la Palabra de Dios. 
 Ayúdanos a estar siempre atentos a la voz del Señor: 
que no seamos sordos al grito de los pobres, 
 que el sufrimiento de los enfermos y de los oprimidos no nos encuentre distraídos, 
 que la soledad de los ancianos y la indefensión de los niños no nos dejen indiferentes, 
 que amemos y respetemos siempre la vida humana. 

 Eres toda belleza, María. 
 En Ti vemos la alegría completa de la vida dichosa con Dios. 
 Haz que nunca perdamos el rumbo en este mundo: 
 que la luz de la fe ilumine nuestra vida, 
 que la fuerza consoladora de la esperanza dirija nuestros pasos, 
 que el ardor entusiasta del amor inflame nuestro corazón, 
 que nuestros ojos estén fijos en el Señor, fuente de la verdadera alegría. 

 Eres toda belleza, María. 
 Escucha nuestra oración, 
atiende a nuestra súplica: 
 que el amor misericordioso de Dios en Jesús nos seduzca, 
 que la belleza divina nos salve, a nosotros, 
a nuestra ciudad y al mundo entero. 

 Amén. 

 Francisco. Oración a la Inmaculada Concepción 8 de diciembre de 2.014

Meditación para el Quinto Día.

      Fijamos los ojos en la Inmaculada como en la Estrella que nos guía por el cielo oscuro en las expectativas e incertidumbres humanas, particularmente en este día, cuando sobre el fondo de la liturgia de Adviento brilla su solemnidad anual; la contemplamos en la eterna economía divina como la Puerta abierta, a través de la cual debe venir el Redentor del mundo. Toda nuestra esperanza de Adviento se concentra en torno a Ella: en torno al misterio de la Inmaculada Concepción, en el que, con la potencia de la elección divina, es superada la heredad originaria del pecado. 

San Juan Pablo II. Angelus, 8 de diciembre de 1.982


Oración para el Quinto Día

Señora, que no tengamos miedo a fracasar; 
 y que nuestras equivocaciones no nos asusten; 
 que obremos siempre con sinceridad y humildad; 
 que no nos creamos mejores que los mayores 
 y que reconozcamos nuestros yerros; 
 que seamos arriesgados 
 y al mismo tiempo apoyemos nuestras manos 
 en la de nuestros mayores; 
 que encontremos a Cristo, 
camino, verdad y vida, 
 y nos arrojemos en sus brazos sin miedo. 
 Que nuestra juventud se desborde 
 enriqueciendo la Iglesia de nuestros padres.

Canto a la Virgen 

 Oración a María Inmaculada en Adviento

       Madre Inmaculada, ya que estás otra vez con tu Hijo, y reinas con él en el cielo, mientras nosotros quedamos en esta tierra poblada de precarias alegrías y de preocupaciones cada vez mayores, ayúdanos a hacer de este tiempo de Adviento una espera eficaz que nos santifique y nos consagre al servicio del prójimo. No se aguarda cruzado de brazos al Señor. La acción y la oración deben llenar nuestra vida. Y cuando llegue nuestra hora y tengamos que atar nuestra gavilla para presentarla al Señor: Madre, quédate a nuestro lado. Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Alabanza a Santa María Inmaculada

          Tú eres la Llena de Gracia, la Inmacualada, Que aprendamos siempre a vivir en Gracia. 
 Dios te Salve Maria. 

 Tu eres la Virgen fiel y prudente. Que aprendamos a vivir en fidelidad. 
 Dios Te Salve María. Tú eres el auxilio de los Cristianos. 

Que tengamos coraje y valentía para testimoniar la fe. 
 Dios Te Salve María. 

 Pidase la gracia que se quiere alcanzar en esta novena
Oración Final Para todos los días. 

   ¡Oh Virgen Inmaculada, en este momento quisiera confiarte especialmente a los "pequeños" de nuestra ciudad: ante todo a los niños, y especialmente a los que están gravemente enfermos; a los muchachos pobres y a los que sufren las consecuencias de situaciones familiares duras! Vela sobre ellos y haz que sientan, en el afecto y la ayuda de quienes están a su lado, el calor del amor de Dios. 

    Te encomiendo, oh María, a los ancianos solos, a los enfermos, a los inmigrantes que encuentran dificultad para integrarse, a las familias que luchan por cuadrar sus cuentas y a las personas que no encuentran trabajo o que han perdido un puesto de trabajo indispensable para seguir adelante. 

    Enséñanos, María, a ser solidarios con quienes pasan dificultades, a colmar las desigualdades sociales cada vez más grandes; ayúdanos a cultivar un sentido más vivo del bien común, del respeto a lo que es público; impúlsanos a sentir la ciudad —y de modo especial nuestra ciudad de Roma— como patrimonio de todos, y a hacer cada uno, con conciencia y empeño, nuestra parte para construir una sociedad más justa y solidaria. 

     ¡Oh Madre Inmaculada, que eres para todos signo de segura esperanza y de consuelo, haz que nos dejemos atraer por tu pureza inmaculada! Tu belleza —Tota pulchra, cantamos hoy— nos garantiza que es posible la victoria del amor; más aún, que es cierta; nos asegura que la gracia es más fuerte que el pecado y que, por tanto, es posible el rescate de cualquier esclavitud. 

     Sí, ¡oh María!, tu nos ayudas a creer con más confianza en el bien, a apostar por la gratuidad, por el servicio, por la no violencia, por la fuerza de la verdad; nos estimulas a permanecer despiertos, a no caer en la tentación de evasiones fáciles, a afrontar con valor y responsabilidad la realidad, con sus problemas. Así lo hiciste tú, joven llamada a arriesgarlo todo por la Palabra del Señor. 

    Sé madre amorosa para nuestros jóvenes, para que tengan el valor de ser "centinelas de la mañana", y da esta virtud a todos los cristianos para que sean alma del mundo en esta época no fácil de la historia. 

 BENEDICTO XVI. 8 de diciembre de 2.008

jueves, 3 de diciembre de 2015

NOVENA A LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA. DÍA CUARTO


Oración Inical para todos los días

 Virgen Santa e Inmaculada, a Ti, 
que eres el orgullo de nuestro pueblo 
 y el amparo maternal de nuestra ciudad, 
 nos acogemos con confianza y amor. 

 Eres toda belleza, María. 
 En Ti no hay mancha de pecado. 
 Renueva en nosotros el deseo de ser santos: 
 que en nuestras palabras resplandezca la verdad, 
 que nuestras obras sean un canto a la caridad, 
 que en nuestro cuerpo y en nuestro corazón brillen la pureza y la castidad, 
 que en nuestra vida se refleje el esplendor del Evangelio. 

 Eres toda belleza, María. 
 En Ti se hizo carne la Palabra de Dios. 
 Ayúdanos a estar siempre atentos a la voz del Señor: 
que no seamos sordos al grito de los pobres, 
 que el sufrimiento de los enfermos y de los oprimidos no nos encuentre distraídos, 
 que la soledad de los ancianos y la indefensión de los niños no nos dejen indiferentes, 
 que amemos y respetemos siempre la vida humana. 

 Eres toda belleza, María. 
 En Ti vemos la alegría completa de la vida dichosa con Dios. 
 Haz que nunca perdamos el rumbo en este mundo: 
 que la luz de la fe ilumine nuestra vida, 
 que la fuerza consoladora de la esperanza dirija nuestros pasos, 
 que el ardor entusiasta del amor inflame nuestro corazón, 
 que nuestros ojos estén fijos en el Señor, fuente de la verdadera alegría. 

Eres toda belleza, María. 
 Escucha nuestra oración, atiende a nuestra súplica: 
 que el amor misericordioso de Dios en Jesús nos seduzca, 
 que la belleza divina nos salve, a nosotros, a nuestra ciudad y al mundo entero. 
 Amén. 

 Francisco. Oración a la Inmaculada Concepción 8 de diciembre de 2.014

Meditación para el día cuarto

      Inmaculada. Aquella, cuya vocación humana era la de convertirse, al llegar la plenitud de los tiempos, en la Madre del Verbo Eterno: "Theotokos": en previsión de los méritos de este Hijo. Redentor del género humano, fue preservada desde el primer instante de su concepción ―Ella, pequeña hija de padres terrenos― de la herencia del pecado original, que forma parte de todo hombre, y fue concebida inmaculada. Libre del pecado original, fue colmada, desde el primer instante de su concepción, de Espíritu Santo: fue concebida "llena de gracia". Al contemplar este misterio de la fe, exultemos con la alegría particular de la Iglesia: exultemos con la alegría de la venida del Señor: Theotokos - Inmaculada. SAN JUAN PABLO II. Angelus, 8 de diciembre de 1.981

Oración para el día cuarto


¡Oh, Inmaculada Concepción! 
que abriste para el mundo 
la Fuente del Agua de Vida Curativa, 
que brota desde el Bendito Corazón de Jesús, 
disipa de nosotros todos los males 
que nos perturban, 
abre nuestros corazones 
a través de la Llama de Tu Inmaculado Corazón, 
perdona nuestras faltas
 y líbranos de los engaños del enemigo. 
¡Oh, Santa Madre del Universo!, 
quédate con nosotros, 
para que bajo Tu Amor Universal, 
podamos vivir en Cristo, 
Nuestro Señor, eternamente.


Canto a la Virgen 

Oración a María Inmaculada en Adviento

      Madre Inmaculada, ya que estás otra vez con tu Hijo, y reinas con él en el cielo, mientras nosotros quedamos en esta tierra poblada de precarias alegrías y de preocupaciones cada vez mayores, ayúdanos a hacer de este tiempo de Adviento una espera eficaz que nos santifique y nos consagre al servicio del prójimo. No se aguarda cruzado de brazos al Señor. La acción y la oración deben llenar nuestra vida. Y cuando llegue nuestra hora y tengamos que atar nuestra gavilla para presentarla al Señor: Madre, quédate a nuestro lado. Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Alabanza a Santa María Inmaculada 

      Tú eres la Llena de Gracia, la Inmacualada, Que aprendamos siempre a vivir en Gracia. 
 Dios te Salve Maria. 
 Tu eres la Virgen fiel y prudente. Que aprendamos a vivir en fidelidad. 
 Dios Te Salve María. 
 Tú eres el auxilio de los Cristianos. Que tengamos coraje y valentía para testimoniar la fe. 
 Dios Te Salve María. 

Pidase la gracia que se quiere alcanzar en esta novena

Oración Final Para todos los días.

       ¡Oh Virgen Inmaculada, en este momento quisiera confiarte especialmente a los "pequeños" de nuestra ciudad: ante todo a los niños, y especialmente a los que están gravemente enfermos; a los muchachos pobres y a los que sufren las consecuencias de situaciones familiares duras! Vela sobre ellos y haz que sientan, en el afecto y la ayuda de quienes están a su lado, el calor del amor de Dios. 

        Te encomiendo, oh María, a los ancianos solos, a los enfermos, a los inmigrantes que encuentran dificultad para integrarse, a las familias que luchan por cuadrar sus cuentas y a las personas que no encuentran trabajo o que han perdido un puesto de trabajo indispensable para seguir adelante. 

      Enséñanos, María, a ser solidarios con quienes pasan dificultades, a colmar las desigualdades sociales cada vez más grandes; ayúdanos a cultivar un sentido más vivo del bien común, del respeto a lo que es público; impúlsanos a sentir la ciudad —y de modo especial nuestra ciudad de Roma— como patrimonio de todos, y a hacer cada uno, con conciencia y empeño, nuestra parte para construir una sociedad más justa y solidaria. 

       ¡Oh Madre Inmaculada, que eres para todos signo de segura esperanza y de consuelo, haz que nos dejemos atraer por tu pureza inmaculada! Tu belleza —Tota pulchra, cantamos hoy— nos garantiza que es posible la victoria del amor; más aún, que es cierta; nos asegura que la gracia es más fuerte que el pecado y que, por tanto, es posible el rescate de cualquier esclavitud. 

        Sí, ¡oh María!, tu nos ayudas a creer con más confianza en el bien, a apostar por la gratuidad, por el servicio, por la no violencia, por la fuerza de la verdad; nos estimulas a permanecer despiertos, a no caer en la tentación de evasiones fáciles, a afrontar con valor y responsabilidad la realidad, con sus problemas. 

       Así lo hiciste tú, joven llamada a arriesgarlo todo por la Palabra del Señor. Sé madre amorosa para nuestros jóvenes, para que tengan el valor de ser "centinelas de la mañana", y da esta virtud a todos los cristianos para que sean alma del mundo en esta época no fácil de la historia. 

 BENEDICTO XVI. 8 de diciembre de 2.008

miércoles, 2 de diciembre de 2015

NOVENA A LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA. DÍA TERCERO



Oración Inical para todos los días

Virgen Santa e Inmaculada, 
a Ti, que eres el orgullo de nuestro pueblo
 y el amparo maternal de nuestra ciudad, 
 nos acogemos con confianza y amor. 
 Eres toda belleza, María. 
 En Ti no hay mancha de pecado. 
 Renueva en nosotros el deseo de ser santos: 
 que en nuestras palabras resplandezca la verdad, 
 que nuestras obras sean un canto a la caridad, 
 que en nuestro cuerpo y en nuestro corazón brillen la pureza y la castidad, 
 que en nuestra vida se refleje el esplendor del Evangelio. 
 Eres toda belleza, María. 
 En Ti se hizo carne la Palabra de Dios. 
 Ayúdanos a estar siempre atentos a la voz del Señor: 
que no seamos sordos al grito de los pobres, 
 que el sufrimiento de los enfermos y de los oprimidos no nos encuentre distraídos, 
 que la soledad de los ancianos y la indefensión de los niños no nos dejen indiferentes, 
 que amemos y respetemos siempre la vida humana. 
 Eres toda belleza, María. 
 En Ti vemos la alegría completa de la vida dichosa con Dios. 
 Haz que nunca perdamos el rumbo en este mundo: 
 que la luz de la fe ilumine nuestra vida, 
 que la fuerza consoladora de la esperanza dirija nuestros pasos, 
 que el ardor entusiasta del amor inflame nuestro corazón, 
 que nuestros ojos estén fijos en el Señor, fuente de la verdadera alegría. 
Eres toda belleza, María. 
 Escucha nuestra oración, 
 atiende a nuestra súplica: 
 que el amor misericordioso de Dios en Jesús nos seduzca, 
 que la belleza divina nos salve, a nosotros, a nuestra ciudad y al mundo entero.
 Amén. 

 Francisco. Oración a la Inmaculada Concepción 8 de diciembre de 2.014

Meditación para el Tercer día de la Novena

      La Inmaculada Concepción, que celebramos hoy, parece ser ese momento, en el que ese fijar la mirada de la Iglesia en María llega más lejos, no solo al "comienzo" mismo de su existencia en la tierra, sino también al "comienzo" de la historia del hombre y de la historia de la salvación. E incluso, todavía más lejos: al eterno pensamiento y amor divinos, en el que María fue concebida antes, infinitamente antes, de su concepción en la tierra. 

      Aquella que ―como afirma San Agustín― "es ciertamente una excepción, y cuando se habla de pecado, no debe siquiera ser nombrada, por respeto al Señor. ¿Cómo podremos conocer jamás la inmensa donación de gracia con que fue penetrada para salvaguardarla de toda huella de pecado, Ella que mereció concebir y engendrar al que no tuvo absolutamente pecado alguno?" (De natura et Gratia, c. 36, 42: PL 44, 267). San Juan Pablo II. Angelus, 8 de diciembre de 1.980

Oración para el día tercero de la Novena

      ERES NIÑA INMACULADA Eres, Niña Inmaculada, Del Señor obra maestra Pues la fuerza de su diestra Quedó en tu ser agotada, Y porque fuiste formada Sin la culpa original, Eres Reina Universal, y de mi vida Pastora, Inmaculada Señora Líbranos de todo mal. Amén. A ti me acojo, porque sé que me amas, Porque de Ti los beneficios brotan, Porque velas por mí, porque las llamas de tu gran caridad, nunca se agotan; Aquí en tu corazón, Niña Divina, Vengo confiado, a remediar mis males, Y a buscar la segura medicina que en Él Encuentran siempre los mortales. Dígnate, Madre amada, a hacerme fuerte, Que me venza a mi mismo, y sea sumiso, Y asísteme en el trance de mi muerte Para volar contigo al paraíso Y pues nos proteges tanto como verdadera Madre Bendícenos desde el cielo, Y haz que nos bendiga el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. Amén.

Canto a la Virgen María

Oración a María Inmaculada en Adviento

      Madre Inmaculada, ya que estás otra vez con tu Hijo, y reinas con él en el cielo, mientras nosotros quedamos en esta tierra poblada de precarias alegrías y de preocupaciones cada vez mayores, ayúdanos a hacer de este tiempo de Adviento una espera eficaz que nos santifique y nos consagre al servicio del prójimo. No se aguarda cruzado de brazos al Señor. La acción y la oración deben llenar nuestra vida. Y cuando llegue nuestra hora y tengamos que atar nuestra gavilla para presentarla al Señor: Madre, quédate a nuestro lado. Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.


Alabanza a Santa María Inmaculada 

Tú eres la Llena de Gracia, la Inmacualada, Que aprendamos siempre a vivir en Gracia. 
 Dios te Salve Mária. 
 Tu eres la Virgen fiel y prudente. Que aprendamos a vivir en fidelidad. 
 Dios Te Salve María. 
 Tú eres el auxilio de los Cristianos. Que tengamos coraje y valentía para testimoniar la fe. 
 Dios Te Salve María. 

 Pidase la gracia que se quiere alcanzar en esta novena


Oración Final Para todos los días

   ¡Oh Virgen Inmaculada, en este momento quisiera confiarte especialmente a los "pequeños" de nuestra ciudad: ante todo a los niños, y especialmente a los que están gravemente enfermos; a los muchachos pobres y a los que sufren las consecuencias de situaciones familiares duras! Vela sobre ellos y haz que sientan, en el afecto y la ayuda de quienes están a su lado, el calor del amor de Dios. 

   Te encomiendo, oh María, a los ancianos solos, a los enfermos, a los inmigrantes que encuentran dificultad para integrarse, a las familias que luchan por cuadrar sus cuentas y a las personas que no encuentran trabajo o que han perdido un puesto de trabajo indispensable para seguir adelante.

  Enséñanos, María, a ser solidarios con quienes pasan dificultades, a colmar las desigualdades sociales cada vez más grandes; ayúdanos a cultivar un sentido más vivo del bien común, del respeto a lo que es público; impúlsanos a sentir la ciudad —y de modo especial nuestra ciudad de Roma— como patrimonio de todos, y a hacer cada uno, con conciencia y empeño, nuestra parte para construir una sociedad más justa y solidaria. 

   ¡Oh Madre Inmaculada, que eres para todos signo de segura esperanza y de consuelo, haz que nos dejemos atraer por tu pureza inmaculada! Tu belleza —Tota pulchra, cantamos hoy— nos garantiza que es posible la victoria del amor; más aún, que es cierta; nos asegura que la gracia es más fuerte que el pecado y que, por tanto, es posible el rescate de cualquier esclavitud. 

   Sí, ¡oh María!, tu nos ayudas a creer con más confianza en el bien, a apostar por la gratuidad, por el servicio, por la no violencia, por la fuerza de la verdad; nos estimulas a permanecer despiertos, a no caer en la tentación de evasiones fáciles, a afrontar con valor y responsabilidad la realidad, con sus problemas. Así lo hiciste tú, joven llamada a arriesgarlo todo por la Palabra del Señor. Sé madre amorosa para nuestros jóvenes, para que tengan el valor de ser "centinelas de la mañana", y da esta virtud a todos los cristianos para que sean alma del mundo en esta época no fácil de la historia.

 BENEDICTO XVI. 8 de diciembre de 2.008

martes, 1 de diciembre de 2015

NOVENA A LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA. DÍA SEGUNDO.



Oración Inical para todos los días

Virgen Santa e Inmaculada, a Ti, 
que eres el orgullo de nuestro pueblo 
 y el amparo maternal de nuestra ciudad, 
 nos acogemos con confianza y amor. 
 Eres toda belleza, María. 
 En Ti no hay mancha de pecado. 
 Renueva en nosotros el deseo de ser santos: 
 que en nuestras palabras resplandezca la verdad, 
 que nuestras obras sean un canto a la caridad, 
 que en nuestro cuerpo y en nuestro corazón brillen la pureza y la castidad,
 que en nuestra vida se refleje el esplendor del Evangelio. 
 Eres toda belleza, María. 
 En Ti se hizo carne la Palabra de Dios. 
 Ayúdanos a estar siempre atentos a la voz del Señor: 
que no seamos sordos al grito de los pobres, 
 que el sufrimiento de los enfermos y de los oprimidos 
no nos encuentre distraídos, 
 que la soledad de los ancianos y la indefensión de los niños 
no nos dejen indiferentes, 
 que amemos y respetemos siempre la vida humana. 
 Eres toda belleza, María. 
 En Ti vemos la alegría completa de la vida dichosa con Dios. 
 Haz que nunca perdamos el rumbo en este mundo: 
 que la luz de la fe ilumine nuestra vida, 
 que la fuerza consoladora de la esperanza 
dirija nuestros pasos, 
 que el ardor entusiasta del amor inflame nuestro corazón, 
que nuestros ojos estén fijos en el Señor, fuente de la verdadera alegría.
 Eres toda belleza, María. 
 Escucha nuestra oración, 
 atiende a nuestra súplica: 
 que el amor misericordioso de Dios en Jesús nos seduzca, 
 que la belleza divina nos salve, 
 a nosotros, a nuestra ciudad y al mundo entero. 
Amén. 
Francisco. Oración a la Inmaculada Concepción 8 de diciembre de 2.014

Reflexión para el Segundo Día de la Novena

   María, de esa Belleza que sólo Dios conoce plenamente, pero que al mismo tiempo, dice tanto al hombre, queremos servirnos de las palabras de dos entre los más grandes Padres y escritores de la Iglesia de Oriente y de Occidente. 

   Comentando un versículo del Salmo 86, San Germán de Constantinopla dice así " 'Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios', nos canta el Santo David, inspirado por el Espíritu. Al aludir de modo clarísimo a la ciudad del gran Rey, de la que se dicen cosas estupendas habla sin duda de Aquella que realmente fue elegido y que se eleva sobre todos, no por las casas más altas, no por las colinas elevadas, sino porque sobresale con mucho por el esplendor de divinas virtudes magníficas, por la pureza extraordinaria; (habla) de María, la castísima e Inmaculada Madre de Dios, en la que habitó el que es verdaderamente Rey de reyes y Señor de los señores, o mejor, Aquella en quien habitó corporalmente la plenitud de la divinidad" (Hom. 9: PG 98 372). 

  Y he aquí cómo el gran obispo de Milán, San Ambrosio, nos presenta a María como la "pro-redimida" por Cristo, su Hijo: "En verdad dichosa (María), porque fue superior al sacerdote (Zacarías). Mientras éste había rehusado creer, la Virgen enmendó su error. No es de extrañar que el Señor, debiendo redimir al mundo, haya comenzado por María su obra: si por medio de Ella se preparaba la salvación a todos los hombres, Ella debía ser la primera en recibir de su Hijo el fruto de la salvación" (Exposit, Evangelii sec. Lucam II, 17; PL 15, 1559).

En las palabras del Arcángel, pronunciadas durante la Anunciación, se habla claramente de la mayor belleza espiritual, que tiene su origen en Dios mismo. Y sobre todo Él mismo encuentra en ella complacencia.

Silencio Reflexivo.

Oración a María Inmaculada en Adviento 

      Madre Inmaculada, ya que estás otra vez con tu Hijo, y reinas con él en el cielo, mientras nosotros quedamos en esta tierra poblada de precarias alegrías y de preocupaciones cada vez mayores, ayúdanos a hacer de este tiempo de Adviento una espera eficaz que nos santifique y nos consagre al servicio del prójimo. No se aguarda cruzado de brazos al Señor. La acción y la oración deben llenar nuestra vida. Y cuando llegue nuestra hora y tengamos que atar nuestra gavilla para presentarla al Señor: Madre, quédate a nuestro lado. Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Alabanza a Santa María Inmaculada

     Tú eres la Llena de Gracia, la Inmacualada, Que aprendamos siempre a vivir en Gracia. 
 Dios te Salve Mária. 
  Tu eres la Virgen fiel y prudente. Que aprendamos a vivir en fidelidad. 
 Dios Te Salve María. 
 Tú eres el auxilio de los Cristianos. Que tengamos coraje y valentía para testimoniar la fe. 
 Dios Te Salve María. 

 Pidase la gracia que se quiere alcanzar en esta novena


Oración Final Para todos los días.

     ¡Oh Virgen Inmaculada, en este momento quisiera confiarte especialmente a los "pequeños" de nuestra ciudad: ante todo a los niños, y especialmente a los que están gravemente enfermos; a los muchachos pobres y a los que sufren las consecuencias de situaciones familiares duras! Vela sobre ellos y haz que sientan, en el afecto y la ayuda de quienes están a su lado, el calor del amor de Dios. 

      Te encomiendo, oh María, a los ancianos solos, a los enfermos, a los inmigrantes que encuentran dificultad para integrarse, a las familias que luchan por cuadrar sus cuentas y a las personas que no encuentran trabajo o que han perdido un puesto de trabajo indispensable para seguir adelante. 

     Enséñanos, María, a ser solidarios con quienes pasan dificultades, a colmar las desigualdades sociales cada vez más grandes; ayúdanos a cultivar un sentido más vivo del bien común, del respeto a lo que es público; impúlsanos a sentir la ciudad —y de modo especial nuestra ciudad de Roma— como patrimonio de todos, y a hacer cada uno, con conciencia y empeño, nuestra parte para construir una sociedad más justa y solidaria. 

       ¡Oh Madre Inmaculada, que eres para todos signo de segura esperanza y de consuelo, haz que nos dejemos atraer por tu pureza inmaculada! Tu belleza —Tota pulchra, cantamos hoy— nos garantiza que es posible la victoria del amor; más aún, que es cierta; nos asegura que la gracia es más fuerte que el pecado y que, por tanto, es posible el rescate de cualquier esclavitud. 

       Sí, ¡oh María!, tu nos ayudas a creer con más confianza en el bien, a apostar por la gratuidad, por el servicio, por la no violencia, por la fuerza de la verdad; nos estimulas a permanecer despiertos, a no caer en la tentación de evasiones fáciles, a afrontar con valor y responsabilidad la realidad, con sus problemas. 

      Así lo hiciste tú, joven llamada a arriesgarlo todo por la Palabra del Señor. Sé madre amorosa para nuestros jóvenes, para que tengan el valor de ser "centinelas de la mañana", y da esta virtud a todos los cristianos para que sean alma del mundo en esta época no fácil de la historia. 

BENEDICTO XVI. 8 de diciembre de 2.008