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lunes, 30 de noviembre de 2015

NOVENA A LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA. DÍA PRIMERO


Oración Inicial Para todos los Dias

Virgen Santa e Inmaculada,
 a Ti, que eres el orgullo de nuestro pueblo 
y el amparo maternal de nuestra ciudad, 
nos acogemos con confianza y amor. 
Eres toda belleza, María. 
En Ti no hay mancha de pecado.
 Renueva en nosotros el deseo de ser santos: 
que en nuestras palabras
 resplandezca la verdad, 
que nuestras obras sean un canto a la caridad, 
que en nuestro cuerpo y en nuestro corazón brillen la pureza y la castidad, 
que en nuestra vida se refleje el esplendor del Evangelio. 
 Eres toda belleza, María.
 En Ti se hizo carne la Palabra de Dios. 
 Ayúdanos a estar siempre atentos a la voz del Señor:
 que no seamos sordos al grito de los pobres, 
que el sufrimiento de los enfermos 
y de los oprimidos no nos encuentre distraídos, 
que la soledad de los ancianos 
y la indefensión de los niños no nos dejen indiferentes, 
que amemos y respetemos siempre la vida humana.
 Eres toda belleza, María. 
En Ti vemos la alegría completa 
de la vida dichosa con Dios. 
 Haz que nunca perdamos el rumbo en este mundo: 
que la luz de la fe ilumine nuestra vida,
 que la fuerza consoladora de la esperanza dirija nuestros pasos, 
que el ardor entusiasta del amor inflame nuestro corazón, 
que nuestros ojos estén fijos en el Señor, 
fuente de la verdadera alegría. 
 Eres toda belleza, María. 
Escucha nuestra oración, 
atiende a nuestra súplica: 
que el amor misericordioso de Dios
 en Jesús nos seduzca, 
que la belleza divina nos salve, 
a nosotros, a nuestra ciudad 
y al mundo entero. Amén.
Francisco. Oración a la Inmaculada Concepción 8 de diciembre de 2.014

Meditación para el Primer Día de la Novena

      Salve, llena de gracia. ¿Qué significan estas palabras? El evangelista San Lucas escribe que María (Miriam), al oír estas palabras pronunciadas por el Ángel, "se turbó y discurría qué podría significar aquella salutación" (Lc 1, 29). Estas palabras expresan una elección singular.

    Gracia significa una plenitud particular de la creación a través de la cual el ser, que se asemeja a Dios, participa de la misma vida íntima de Dios. Gracia quiere decir el amor y el don de Dios mismo, el don totalmente libre ("dado gratuitamente") por el que Dios confía al hombre su misterio, dándole, al mismo tiempo, la capacidad de poder ser testigo del misterio, de colmar con él su ser humano, la vida, los pensamientos, la voluntad y el corazón. 

     La plenitud de gracia es Cristo mismo. María de Nazaret recibe a Cristo, y juntamente con Cristo y por Cristo recibe la participación más plena en el misterio eterno, en la vida íntima de Dios: del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Esta participación es la más plena de todo lo creado, supera cuanto separa al hombre de Dios. Excluye también el pecado original: la herencia de Adán. Cristo, que es el artífice de la vida divina, es decir, de la gracia en cada hombre, mediante la redención que llevó a cabo, debe ser particularmente generoso con su Madre. Debe redimirla del pecado de modo singularmente sobreabundante ("copiosa apud eum redemptio: en Él está abundante redención", Sal 129, 7). Esta generosidad del Hijo para con su Madre comienza en el momento mismo de su existencia. Se llama Inmaculada Concepción. SAN JUAN PABLO II. Angelus, 8 de diciembre de 1,978

Silencio Reflexivo.

Oración a María Inmaculada en Adviento

     Madre Inmaculada, ya que estás otra vez con tu Hijo, y reinas con él en el cielo, mientras nosotros quedamos en esta tierra poblada de precarias alegrías y de preocupaciones cada vez mayores, ayúdanos a hacer de este tiempo de Adviento una espera eficaz que nos santifique y nos consagre al servicio del prójimo. No se aguarda cruzado de brazos al Señor. La acción y la oración deben llenar nuestra vida. Y cuando llegue nuestra hora y tengamos que atar nuestra gavilla para presentarla al Señor: Madre, quédate a nuestro lado. Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Alabanza a Santa María Inmaculada

      Tú eres la Llena de Gracia, la Inmacualada, Que aprendamos siempre a vivir en Gracia.
                            Dios te Salve Mária.

      Tu eres la Virgen fiel y prudente. Que aprendamos a vivir en fidelidad.
                            Dios Te Salve María.

      Tú eres el auxilio de los Cristianos. Que tengamos coraje y valentía para testimoniar la fe.
                             Dios Te Salve María.

Pidase la gracia que se quiere alcanzar en esta novena

Oración Final Para todos los días.

¡Oh Virgen Inmaculada, en este momento quisiera confiarte especialmente a los "pequeños" de nuestra ciudad: ante todo a los niños, y especialmente a los que están gravemente enfermos; a los muchachos pobres y a los que sufren las consecuencias de situaciones familiares duras! Vela sobre ellos y haz que sientan, en el afecto y la ayuda de quienes están a su lado, el calor del amor de Dios.

 Te encomiendo, oh María, a los ancianos solos, a los enfermos, a los inmigrantes que encuentran dificultad para integrarse, a las familias que luchan por cuadrar sus cuentas y a las personas que no encuentran trabajo o que han perdido un puesto de trabajo indispensable para seguir adelante.

 Enséñanos, María, a ser solidarios con quienes pasan dificultades, a colmar las desigualdades sociales cada vez más grandes; ayúdanos a cultivar un sentido más vivo del bien común, del respeto a lo que es público; impúlsanos a sentir la ciudad —y de modo especial nuestra ciudad de Roma— como patrimonio de todos, y a hacer cada uno, con conciencia y empeño, nuestra parte para construir una sociedad más justa y solidaria. 

 ¡Oh Madre Inmaculada, que eres para todos signo de segura esperanza y de consuelo, haz que nos dejemos atraer por tu pureza inmaculada! Tu belleza —Tota pulchra, cantamos hoy— nos garantiza que es posible la victoria del amor; más aún, que es cierta; nos asegura que la gracia es más fuerte que el pecado y que, por tanto, es posible el rescate de cualquier esclavitud. 

 Sí, ¡oh María!, tu nos ayudas a creer con más confianza en el bien, a apostar por la gratuidad, por el servicio, por la no violencia, por la fuerza de la verdad; nos estimulas a permanecer despiertos, a no caer en la tentación de evasiones fáciles, a afrontar con valor y responsabilidad la realidad, con sus problemas. 

 Así lo hiciste tú, joven llamada a arriesgarlo todo por la Palabra del Señor. Sé madre amorosa para nuestros jóvenes, para que tengan el valor de ser "centinelas de la mañana", y da esta virtud a todos los cristianos para que sean alma del mundo en esta época no fácil de la historia. BENEDICTO XVI. 8 de diciembre de 2.008

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