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jueves, 22 de octubre de 2015

VIRGEN DE LA GRANADA


Imagen.- La Virgen de la Granada.
Autor.- Fra Angelico.
Fecha.- Siglo XIV
Técnica.- Temple sobre tabla.
Lugar donde se encuentra.- Museo del Prado de Madrid.

      Se trata de la única obra de Fra Angelico que se encontra en manos privadas. Pertenecia a la casa de Alba desde el año 1.827 cuando fue adquirida en Florencia por Carlos Miguel Fitz James Stuart, XIV Duque de Alba. Hasta este mes de enero, se encontraba en el Palacio de Liria de Madrid, propiedad de esta aristocrática familia española. Desde el pasado mes de enero, el  cuadro de la Virgen de la Granada pertenece al Museo del Prado, vendido por el actual Duque de Alba. 

        Enmarcada de forma ojival, aparece María, sentada, con el Niño Jesús en sus brazos, custodiada por dos ángeles. Una escena íntima, que el autor diviniza con la aparición de los dos ángeles que custodian a la Madre y al Hijo. Fran Angelico, una vez más, en esta magnífica obra, nos muestra sus sentimienos religioso, su pìedad. Lo importante no es lo meramente causal, sino la figura de la Madre, que destaca por encima del resto del cuadro, por los colores con los que ha vestido a esta imagen mariana. Además de ofrecernos un gran número de detalles, que a pesar de ser miniaturas, son tratadas por el autor con mucho y delicado cuidado. 

       María aparece como sede de Jesús. Ofreciendo a su Hijo una granada, símbolo cristiano de la Resurrección de este, y de la castidad de Ella, granada con la que el Niño juega, ajeno al significado que tiene. Utilizando los colores que se usan en su época para vestir a la Virgen: Azul del manto, y el rojo, poniendo en el lado derecho de su manto una estrella, que simboliza a María, como Estrella de la Mañana, Estrellas usadas habitualmente en los primitivos iconos bizantinos. El azul de María, nos recuerda su Inmacualda Concepción. El Niño, mientras viste una túnica bermellon, que recuerda, simbólicamente la sangre del martirio que derramará, este, en el Árbol de la Cruz. A los lados de la imagen de la Madre, a ambos lados de la cabeza, aparecen dos ángeles que portan un paño dorado de honor, que protege la espalda de la Virgen y en el que Fra Angelico ha dejado plasmados pliegues y sombras.

       A pesar de tantos detalles, el espectador no puede apartar la mirada de la imagen de María, que mira fijamente al espectador desde la Tabla. Y su gesto, señalando la importancia de un Niño, que juega con una granada ajeno a todo lo que el cuadro representa. 


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