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martes, 1 de septiembre de 2015

LA SEXTA ANGUSTIA



Imagen.- La Sexta Angustia.
Autor.- Atribuida al Círculo de Vasco de la Zarza.
Fecha.- Principios del Siglo XVI.
Material.- Alabastro 
Lugar.- Museo Provincial de Avila.

      Nos encontramos, de nuevo, ante una de esas imágenes marianas que no aparecen descritas en los Evangelios, pero sí, en la piedad popular, como queda reflejado en la decimotercera estación del Vía Crucis, o en el Sexto Dolor o Angustia de Nuestra Señora. Se trata del momento en el que la Madre recibe en sus brazos al Hijo Muerto en la Cruz, en la tarde del Viernes Santo. Y cuyo origen podemos situar en los conventos de religiosas alemanes del siglo XIV. La imagen se encuentra enmarcada por un marco dorado.

      La obra se atribuye al círculo del escultor Vasco de Zarza, que dejo en la Catedral de Avila, la que en mi modesta opinión, es sin duda, una de sus mejores obras: el sepulcro de Don Alonso de Madrigal, obispo de Avila, conocido como el Tostado, que se encuentra en la Girola de la Catedral, y el Trascoro de la misma. Vasco de Zarza, es para muchos estudiosos del arte abulense, el introductor del renacimiento en esta provincia española.

        La obra fue realizada para el Hospital de Dios Padre de la ciudad de Avila, fundado en el siglo XVI, y que se encontraba muy próximo a la Iglesia de San Nicolas. Hasta el siglo XVIII fue el hospital más importante de esta ciudad castellana y era conocido como el Hospital de las Bubas, hoy sólo queda la portada que da entrada a la Casa de la Misericordia. Este relieve paso a ser propiedad de la Diputación de Avila, quien en el año 1.998 lo deposito en el Museo Provincial, donde permanece.

        La escena podríamos dividirla en dos escenas bien diferenciadas: A los pies de la Cruz, nos encontramos ante María que sostiene sobre sus brazos el cuerpo muerto de su Hijo Jesús, mientras, llena de dolor, mirá el cadáver, junta sus manos a la altura del pecho en una actitud, claramente orante, el rostro refleja un dolor profundo, pero sin extridencias, tan propias del barroco, el dolor se transmite no tanto en gestos teatralizados, como en la profundidad del mismo. Cristo ha muerto y su cuerpo desconyutado descansa, como ya hemos dicho, sobre las rodillas de María, es un cuerpo que no conserva signos de la violencia de la Pasión sobre el ejercidas, tan sólo la sangre sale, aún, de la herida del costado, el brazo derecho cae al suelo, mientras que el izquierdo descansa a lo largo del cuerpo, la cabeza es sostenida por las manos de San Juan, el discípulo amado, que sujeta la cabeza entre sus manos, mientras María Magdalena, coge, cariñosamente, la mano izquierda, de rodillas, y como en el caso de María y de Juan el dolor es transmitido en el rostro, tratándose de un dolor profundo. La otra escena esta sobre ellos, y el centro es la Cruz vacía, a cuyo lados nos encontramos los cuerpos de los dos ladrones, lamentablemente, el de Dimas, demasiado deteriorado, teniendo las piernas completamente destrozadas. Los dos hombres están unidos a la Cruz mediante cuerdas, los dos han muerto, pero sólo uno de ellos, en ese momento transmite una gran paz, mientras el otro muere sin arrepentirse, por lo que no encuentra esa paz que transmite Jesús. Probablemente el autor al realizar esta obra recuerda a aquellos que la admiren y se fijen en este detalle que que la paz solo se consigue si estamos cerca de Jesús. 

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