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martes, 26 de mayo de 2015

LA PIEDAD DE MIGUEL ANGEL


      Miguel Angel representa en esa talla el momento, inmediatamente posterior, al descendimiento de Jesús de la Cruz, que la piedad popular ha querido colocar en la decimotercera estación del Vía Crucis. Pero en el rostro de la Virgen se aleja de todo el dramatismo que otros autores han querido poner en el rostro de la Madre. María, podríamos afirmar, acepta la muerte del Hijo, parece volver a decir: "Aquí esta la esclava del Señor, hágase tu voluntad". Pero lo acepta con un dolor callado, un dolor interior, que en ningún momento sale al exterior de la imagen. El rostro de María parece transmitir en esta hora del Viernes Santo, una gran melancolía, melancolía de aquella otra hora, la hora de Belén, cuando lo tuvo en sus brazos por primera vez. Y allí, María, junto a la Cruz; con el Hijo en sus brazos yertos, parece ensimismarse en sus recuerdos y sintiendo una gran nostalgia por ellos, nostalgía  que queda reflejada en ese rostro, en esa mirada perdida, ahora, en el cuerpo del Hijo Muerto.

      Miguel Ángel escúlpe esta obra en marmol de Carrara para ser expuesta a la veneración de los fieles en una capilla de la Basílica de San  Pedro del Vaticano, tal y como hoy podemos verla. La Composición de la talla esta enlazada en el clasicismo de este tipo de imágenes, y que después de Miguel Angel se ha repertido en multitud de obras de la misma temática: Un triangulo cuyos vertices serían la cabeza inclinada de la Virgen, los pies de Jesús y los pliegues del la sábana y vestido de María.

     Miguel Ángel sienta a la Virgen a los pies de la Cruz y sobre ella el Cuerpo yacente de Jesús, que se encuentra sobre una sabana, tallados los pliegues con gran detalle, igual que talla con gran detalle y conocimiento la anatomia del hombre en el Cuerpo yerto del Hijo, un cuerpo que como ocurre en el rostro de la María, a pesar de la muerte en medio de la crueldad de la Crucifixión, no muestra signos de tortura, ni en las manos, ni en los pies, unidas al madero con clavos, tampoco aparece la herida del costado que tanta importacia tendrá en otras manifestaciones artísticas representando la Pasión del Señor. Aquí, dentro del drama de la Pasión, todo es dulzura, hasta la muerte cruel de Cristo, parece dulcificarse, en el gesto de la cabeza que busca el pecho de la Madre para recostarse.

      Como curiosidad, podremos decir que es la única obra que Miguel Angel firma, en la tira que atraviesa el pecho de la Madre, el escultor ha dejado escúlpido su nombre. Sin duda es la obra cumbre del renacimiento italiano. Que va a servir de modelo a innumerables imagenes de la Piedad de todo el mundo.   

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