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jueves, 19 de marzo de 2015

LOS RECUERDOS DE MARÍA. EL PRIMER ENCUENTRO CON JOSÉ


       A diario acudo a fuente de Nazaret, a las afueras del pueblo a recoger el agua que usamos, en casa, para la comida. Hasta no hace mucho, era Ana, mi madre, quien lo hacía. ¡Cuántas veces fuí con ella! ¡Cuántos fríos pasó cogiendo el agua!, la pobre decía que le dolían las uñas de lo fría que estaba el agua. Ahora, soy yo la que pasa esos fríos, la que siente como me duelen las uñas en invierno, cuando el agua trae el recuerdo frío de la nieve del Monte de Nazareh.

      ¡La fuente! Cuántas veces dejabamos el cántaro en el caño y hablabamos, hablabamos las mozas del pueblo. Hablabamos de nuestras cosas, a pesar de toda, aún somos niñas y tenemos toda la vida por delante, no hace mucho jugábamos a ser mayores, y ahora que somos casí mujeres, añoramos aquellos juegos. Nos sonrojamos ante la mirada de cualquier muchacho que pasaba por allí, y son muchos, los que pasan. 

      Alguna, hablo el otro dia de la nueva familia que había venido al pueblo. Venían de Jerusalén, y habían abierto la vieja carpinteriaa de Nazareth. Hablaban de un chico, algunas decían que era muy guapo, yo no sentí nunca nada especial por los hombres, me parece que mi corazón ya esta ocupado.....

      La fuente sigue llenando los cántaros.

      Esta mañana he ido sóla a la fuente, las otras no estaban. Era demasiado temprano. Pero mi padre debía comer antes y madre me mandó ir a la fuente antes del mediodía. 

      La fuente estaba solitaria, níngún cántaro esperaba en la pila. El silencio del paraje sólo era roto por el agua al caer sobre el cristalino lecho de la pila. Puse mi cántaro y espere a que se llenará. En el cielo aparecían algunas nubes, presagios de tormenta. Cuando se lleno, lo cogí, pero una sombra me sobresaltó, el cántaro cayo al suelo, y se  rompio.



      Allí estaba él, aguardando su turno. Azorada miraba el cántaro y le miraba. Sonreía, divertido. mirando el cántaro roto en el suelo. Su sonrisa enjorecio mi rostro .mientras mi corazón parecía acelerarse, las piernas parecían no ser capaces de sostener mi peso. ¿Qué me pasaba? Nunca había sentido nada así. 

       Me tendio su cántaro y me dijo:

      - Toma mi cántaro, llenalo.

      Cogí su cántaro y lo llene, mientras le miraba, descubría su sonrisa, su mirada, su olor a madera recien cortada. No le conocía, pero ¡me sentía tan bien a su lado!

      Sonriendo me dijo:

      - Soy José, y yo me aleje de su lado, mientras él me miraba desde la fuente y yo lo miraba a él.




Fotos de la Fuente de la Virgen María en la ciudad de Nazareth, muy cerca de la Basílica de la Anunciaión, donde la tradicción asegura que el Ángel hablo a María.

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