Páginas vistas en total

lunes, 23 de marzo de 2015

LEYENDAS MARIANAS. NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA MACARENA



       Llego al Puerto de Sevilla, venía de Italia, al menos eso cuentan las viejas crónicas macarenas. Nadie sabe como se llamaba, de donde venía, ni cual era su destino, aunque todos en la ciudad aseguran que iba a America buscando fortuna. Bajo su brazo un pequeño paquete, que nunca dejaba sólo, que no descuidaba y trataba con sumo cariño. Un día, aquel hombre, se sintió enfermo, faltaban unos días para embarcar, y no dio importancia a aquellos sintomas, que con el paso de los días se fueron agravando, hasta que un día lo encontraron muy enfermo y lo llevaron al Hospital de las Cinco Llagas, frente a la Puerta de la Muralla, que en Sevilla llaman de la Macarena.

          El estado de salud de aquel viajero, en lugar de mejorar, empeora, su salud se va devilitando, llegando a temerse por su vida, finalmente el extraño pasajero fallece; sin haber podido hacer testamento. Buscando alguna seña de identidad de aquel hombre, las monjas del Hospital abrieron la maleta buscando documentos que atestiguaran quien era aquel hombre. Pero en ningún sito encontraron nada. Al abrir el bulto que el hombre siempre llevaba consigo, descubrieron sorprendidas que allí se guardaba el rostro y las manos de una imagen de María, una dolorosa, muy bella, que dejo aquellas mujeres boquiabiertas, mientras oraban ante ella. Fueron las primeras sevillanas que oraron ante la Macarena, desgraciadamente la leyenda y la historia ha olvidado su nombre. Pero en aquel hospital no tenían sitio para ella. Por lo que la guardaron en un lugar seguro, de vez en cuando, alguna hermana oraba ante la Virgen. Pasaron los meses y nadie se hizo cargo de las cosas de aquel viajero. Y la Virgen queda en el Hospital. 

       Había en la ciudad de Sevilla una Cofradía que daba culto a un Crucificado que todos los años procesionaban por las calles de la ciudad hispalense, la hermandad estaba fundada en el Convento de San Benito, hoy tristemente desaparecido, en la calle Relator. La Hermandad decide que junto al Crucificado quiere dar culto a la Virgen María, bajo el titulo de Nuestra Señora de la Esperanza. Por esas misma fechas el Hospital de las Cinco Llagas, tiene la imperiosa necesidad de conseguir un Reloj, que marcara la vida de aquella institución, especialmente, que marcara las horas religiosas de la Comunidad Religiosa. La Hermandad de la Calle Relator tenía un reloj que no usaban, enterados de la necesidad del Hospital de Reloj, propusieron cambiar ese viejo reloja a aquellas hermanas, por la Virgen que trajerá en su equipaje el viajero muerto en el Hospital. 

      Las religiosas aceptaron el cambio. Pero el administrador del Hospital no. El administrador de aquel hospital pidio que el intercambio no fuera a perpetuidad, sino que en algún momento, este pudiera reclamar como suya la imagen de la Dolorosa. La Hermadad podía anular el acuerdo cuando quisieran, pero no así el Hospital. La Hermandad afirmó que no haría falta ninguna firma, tan sólo que la imagen volvierá a pisar el hospital, para que está perdiera su titularidad. Es decir si la Virgen de la Esperanza volvía al Hospital esta dejaba de ser de la Hermandad y volvia a ser de aquellas religiosas. Años después, el Administrador quiso romper el contrato, pero la Hermandad se negó a ello, afirmando que sólo volvería a ser de aquel hospital si la Virgen pisaba el suelo del  mismo. 

      Pasaron los años, la Hermandad abandono su sede en la Calle Relator, y se traslado a la Iglesia de San Gil. Una madrugada del Viernes Santo, mientras la Hermandad estaba realizando su estación de Penitencia, el techo de la Iglesia se cayo. Conocido el suceso por los hermanos, se decide cambiar el itinerario de vuelta y llevar a la Virgen a la Capilla del Hospital de las Cinco Llagas. La Virgen volvía a la que fuera su primer hogar en Sevilla. Todo transcurría con total normalidad, pero al llegar a la Cruz, que indicaba el inicio del terreno del Hospital, un hombre comienza a dar voces, pidiendo a los costaleros que detengan el paso de la Virgen. La comitiva procesional se detiene. El anciano pide a los ancianos que no entren en el Hospital, que perderian a la Virgen para siempre, aquellas palabras causan un gran revuelo entre los hermanos, que angustiados se preguntan unos a otros que hacer. Habían olvidado el trato. El hermano mayor llama al anciano y preguntándole por qué sabe él eso. El anciano dice, que durante su juventud fue aprendiz de relojero y coloco el viejo reloj en el Hospital de las Cinco Llagas, y conocía la historia. La hermandad decide no entrar en el Hospital y se dirige a la Iglesia de San Hermenegildo. Desde entonces cada vez que la Macarena ha querido volver al Hospital, su barrio no ha permitido que entrará. 

         Pero en los años sesenta, la Virgen, con motivo de la Misión entro en el Hospital de las Cinco Llagas y volvió a su Basílica.

Foto.- Victor Hernández Mayoral.
Texto.- Víctor Hernández Mayoral.

No hay comentarios:

Publicar un comentario