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viernes, 20 de marzo de 2015

LEYENDAS MARIANAS. NUESTRA SEÑORA DE LA AMARGURA. ZAMARRILLA DE MALAGA



        En las afueras de Malaga, en el camino de Antequera se levantaba una Cruz, que los malagueños llamaban de la Zamarrilla, por que allí crecía, abundantemente esta planta, una planta de escasa altura y que da flores blancas o encarnadas, que tienen gran olor y que se parece a la flor de la manzanilla campestre.


     Allí se levantó una ermita en honor de Nuestra Señora de la Amargura, una imagen de María dolorosa. Las sierras de Andalucia, hubo un tiempo, que fueron morada y hogar de bandoleros, que hicieron de sus accidentes su escondites. Uno de estos bandoleros era Cristobal Ruiz Bermúdez. Se trata de un bandolero sanguinario, que capitaneaba una cuadrilla de cincuenta personas, igual de crueles que él. Vivían en la Sierra de Ronda, armados con arcabuces, navajas y pistoletes asaltaban las diligencias o a los transeúntes, que pasaban por sus caminos. Su fama corría veloz por aquellos lares, los ciegos los convirtieron en protagonistas de su cántares. El pueblo no les tenía miedo, porque, junto a la fama de sanguinarios, corría la leyenda de que el grupo del Zamarrilla asaltaba a los ricos, una especie de Robin Hood malagueño, para compartir las ganancias de sus asaltos con los más necesitados. 

       Si los pobres se sentían ayudados, los ricos vivían atemorizados por el Zamarrilla, pronto fue el bandolero más buscado de Malaga, quitando el sueño a las autoridades de su época. Los cárteles donde se exhibía su cabeza, ofrenciendo una recompensa por su cabeza pronto llenaron la zona, pero nadie sabía o quería decir donde encontrar al malhechor, el pueblo guardaba silencio, a pesar de la gran ofrenda de oro que prometían las autoridades por la cabeza de Cristobal, que llego a Estepona, Marbella, Cártama, Grazalema, Cuevas del Becerro, Coín y las puertas de Malaga. 

        En el año 1.844 el Duque de Ahumada funda la Guardia Cívil, para luchar contra la delicuencia de los caminos de la España de mediados del siglo XIX. Pronto comenzaron a perseguir a la banda del Zamarrilla, que vio como muchos de sus hombres morían bajo el fuego de la Guardia Civil, mientras otros abandonaban el grupo por miedo a la propia muerte. Por lo que pronto se deshizo aquella banda, quedando sólo el capitan de la misma: Cristobal, que cuando el hambre llamaba a sus puertas, bajaba hasta el barrio de la Trinidad de Malaga, donde su novia le proporcionaba comida. 

       El bandolero, se sentía perseguido, la guardia Civil tenía puesto precio a su cabeza y debía dar con ella, se aumenta el precio a pagar por la misma. Pero, como ocurría, antes, ahora, pocos se atreven a dar datos certeros sobre este hombre. 

       Un atardecer, Cristobal acude a su cita con su novia malagueña, alguien le vio, y fue al Cuartel de la Guardia Civil a denunciar al bandolero. Durante aquella noche, el bandolero y la novia comparten un momento de intimidad, en el que este le confiesa que ha pensado ocultarse durante algún tiempo en las profundidades de la sierra, para no ser capturado. Además de hacer que ella le prometa que sea fiel, durante su ausencia, ella promete serle fiel y le entrega como prueba de esta fidelidad la rosa blanca que tenía en su cabello. 

    Mientras en el cuartel de la Guardia Civil, una patrulla sale en busca del bandolero con una consigna clara: “¡Vivo o muerto!” Pero capturado. Se dirige al barrio de la Trinidad, donde el bandolero vive sus horas de intimidad con su novia. Poco a poco los agentes de la guardia civil van tomando el barrio, haciendo un cerco para detener a este peligroso bandolero. El bandolero ve algo raro y se siente prisionero, intenta escapar y romper el cerco, con la intención de huir hacía la sierra, pero no lo consigue. Se siente acorralado. Todo, parece indicar, el fin del bandolero. Es su fin y lo sabe. 


      En un último intento de huir corre por un atajo hacía la ermita de la Virgen de la Amargura, con la intención de ocultarse en ella. Lo consigue. Dentro de la ermita, se da cuenta que es la primera vez en su vida que ha entrado en una iglesia. Y siente una fuerza extraña, que le hace postrarse de rodillas y mirando a la Virgen le ruega que le salve de sus enemigos. 

      En el interior de la ermita no hay ventana, ni otra puerta más que aquella por la que él ha entrado. Cristobal se siente acorralado y decide esconderse bajo el manto de la Virgen de la Amargura, la guardia civil irrumpe en la ermita. Buscan al bandolero por toda la ermita, la registran palmo a palmo, incluyendo en el registro el manto de la dolorosa, pero no encuentran nada. Parece como si a aquel hombre se le hubiera tragado la tierra. Están seguros de que se encuentra allí, pero son incapaces de verlo. “No puede ser!” “¡Es imposible!” dan voces los guardias. Cansados y seguros de que allí no esta el bandolero, el oficial de mando da la orden de abandonar la ermita. Los guardias salen de ella. 

       El bandolero abandona su escondite. Se encuentra feliz, pero a la vez emocionado. Mira a la Virgen de la Amargura, vuelve a postrarse, emocionado, llorando ante ella. Postrado ante aquella imagen le da las gracias por haberle librado de sus perseguidores y agradecido, toma la rosa blanca de su novia, saca de su faja la navaja, clavando en ella la rosa. Puesto frente a la imagen de María, clava en su pecho el puñal con la rosa, donde queda prendida la flor. Mientras ora más intensamente, sintiendo como la paz va tomando su corazón. Y decide mirando a los ojos de la Virgen cambiar su vida. La conversión ha llamado a su puerta, alzo de nuevo los ojos hacía el pecho de la Madre, y descubre, sorprendido, como la rosa blanca que él ha clavado, de un blanco impoluto, se va transformando poco a poco en un color rojo sangre, como si del pecho de María brotase un rio de sangre que cubriera por aquella flor. De nuevo se acerca a la imagen, acaricia su rostro, creyendo que aquella imagen es humana, pero se da cuenta, que las lágrimas son cristales, su rostro madera, y ella un armazón del mismo material, la única señal de vida, es la rosa blanca transformada, ahora ya toda roja. Zamarrilla siente que esa transformación es la forma que tiene la Virgen de perdonarle. Sale de la ermita y se entrega a la justicia. Condenado, no cumple toda la pena pues en la cárcel se convierte en ejemplo para sus compañeros de prisión. Fuera de la cárcel se mete en un convento, próxima a la Ermita de la Virgen de la Amargura de Malaga, de donde sólo salía una vez al año, el día del aniversario de su conversión, iba a la ermita, y ponía a las plantas de la imagen una rosa roja, en recuerdo de aquella que atravesará el corazón de la Madre, rosa que el mismo cortaba de un rosal, que había plantado en el convento y que cuidaba con mimo. Un noche, cuando iba camino de la ermita, fue asaltado por unos ladrones, al ver que nada tenía de valor, más que su rosa roja, fue apuñalado por aquellos hombres. Los frailes salen en su busqueda, alarmados por su ausencia y en el camino encuentran el cadáver de Fray Cristobal cubierto todo de sangre, en su pecho, una rosa que en lugar de ser roja, como había salido del convento, aquella tarde, ahora era blanca. Todos creyeron que era la forma que la Virgen había tenido de manifestar publicamente el perdón que había concedido a aquel hombre. 



      Algunos devotos de Nuestra Señora de la Amargura, afirman, que algunos años, al llegar la Semana Santa, entre las rosas, siempre rojas que adornan a la Virgen, han visto una rosa blanca, que nadie allí ha puesto. De un blanco tan hermoso, como ningún rosal puede dar. Y todos los años el Jueves Santo la Virgen de la Amargura abandona su ermita y recorre las calles de la ciudad de Malaga. Portando en su pecho una rosa de color rojo, que recuerda aquella rosa que el Zamarrilla clavase un día.

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