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viernes, 27 de marzo de 2015

LA DOLOROSA DE PEDRO DE MENA DEL MUSEO CATEDRALICEO DE ZAMORA

Imagen.- Nuestra Señora de los Dolores, la Dolorosa.
Autor.- Pedro de Mena y Medrazo.
Fecha.- 1.679 - 1.688
Lugar donde se encuentra.- Museo Catedraliceo de Zamora.

     Esta talla fue realizada para el Convento Concepcionista de la ciudad de Zamora, junto al busto de un Ecce Homo que se pueden ver juntos en este museo zamorano, en la actualidad. Llega a la ciudad de castellana a traves de un Obispo de Cordoba, natural de Zamora, quien la encarga al imaginero andaluz, quien la dona al Monasterio anteriormente citado. Se trata, sin duda, de una obra maestra de Pedro de Mena. 

     La imagen es un busto de la Madre Dolorosa, apoyada sobre una peana de madera. La imagen tiene la cabeza ligeramente ladeada hacía el lado derecho. Talladas en madera el rostro, manos, cabello, y pecho. Sobre el que se disponen telas enseyadas. Cubre el pelo una leve toca blanca que cae sobre el pecho de la Virgen, y sobre ella un manto de color azul. una tunica morada cubre el pecho de María, y atraves de las mangas vemos otra túnica de un color morado, con botonadura del mismo color. 

      Rostro obalado, nariz recta, boca entreabiera, dejando al espectador, fiel, ver los dientes de la Dolorosa. Ojos almendrados, La mirada perdida en el cielo, y el rostro surcado por las lágrimas de cristal que caen de sus ojos. Sin duda una gran obra para un día como el de hoy: Viernes de Dolores. 

miércoles, 25 de marzo de 2015

LA VIDA DE MARÍA SEGÚN LAS SAGRADAS ESCRITURAS. LA ANUNCIACIÓN



En el mes sexto, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la Virgen era María.

El ángel, entrando en su presencia dijo:

 - "Alegrate, llena de gracia, el Señor está contigo".

 Ella se turbo grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era áquel. El ángel le dijo:

 - "No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su Padre; reinará sobre la Casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin".

 Y María dijo al ángel:

 - "¿Cómo será eso, pues no conozco varón?".

El ángel le contestó:

- "El Espíritu Santo vendra sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra, por eso el Santo que va a nacer va a ser llamado Hijo de Dios.También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y  ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible".

Dijo María:

- "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí, según tu palabra".

Y el ángel la dejo.

LA ANUNCIACIÓN


Imagen.- La Anunciación.
Lugar.- Ermita del Santísimo Cristo del Llano de Baños de la Encina (Jaen).


En el silencio del hogar,
un rayo del luminoso sol
penetra, sin llamar a la puerta,
sin tocar la aldaba de la sala.

El Rayo atemoriza a la Niña,
que borda un pañuelo de seda,
juega con ella, la mira,
¡Qué hermosa morada para Dios!

El rayo mira su rostro,
bello, hermoso, sonrisa de su alma,
llena de gracia. Y atónito,
sin dejar de mirarla
toca con sus manos su rostro.

El sol del mediodía
mira desde el palco del cielo
como el rayo, el más pequeño,
juega, este día, con María.

El aire detiene su canto,
las nubes paran su viaje,
el río se niega correr,
viendo a la Niña y al Rayo.

El Reloj marca doce horas
en su recorrido diario,
el sol impaciente mira al rayo,
que, aún, habla con la Niña,
aguardando una respuesta.

¡Algaraba en el cielo,
replican alegres las campanas,
la Niña ha cogido la flor,
la Niña, ¡al fin! ha dicho sí.

Texto.- Víctor Hernández Mayoral.


lunes, 23 de marzo de 2015

LEYENDAS MARIANAS. NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA MACARENA



       Llego al Puerto de Sevilla, venía de Italia, al menos eso cuentan las viejas crónicas macarenas. Nadie sabe como se llamaba, de donde venía, ni cual era su destino, aunque todos en la ciudad aseguran que iba a America buscando fortuna. Bajo su brazo un pequeño paquete, que nunca dejaba sólo, que no descuidaba y trataba con sumo cariño. Un día, aquel hombre, se sintió enfermo, faltaban unos días para embarcar, y no dio importancia a aquellos sintomas, que con el paso de los días se fueron agravando, hasta que un día lo encontraron muy enfermo y lo llevaron al Hospital de las Cinco Llagas, frente a la Puerta de la Muralla, que en Sevilla llaman de la Macarena.

          El estado de salud de aquel viajero, en lugar de mejorar, empeora, su salud se va devilitando, llegando a temerse por su vida, finalmente el extraño pasajero fallece; sin haber podido hacer testamento. Buscando alguna seña de identidad de aquel hombre, las monjas del Hospital abrieron la maleta buscando documentos que atestiguaran quien era aquel hombre. Pero en ningún sito encontraron nada. Al abrir el bulto que el hombre siempre llevaba consigo, descubrieron sorprendidas que allí se guardaba el rostro y las manos de una imagen de María, una dolorosa, muy bella, que dejo aquellas mujeres boquiabiertas, mientras oraban ante ella. Fueron las primeras sevillanas que oraron ante la Macarena, desgraciadamente la leyenda y la historia ha olvidado su nombre. Pero en aquel hospital no tenían sitio para ella. Por lo que la guardaron en un lugar seguro, de vez en cuando, alguna hermana oraba ante la Virgen. Pasaron los meses y nadie se hizo cargo de las cosas de aquel viajero. Y la Virgen queda en el Hospital. 

       Había en la ciudad de Sevilla una Cofradía que daba culto a un Crucificado que todos los años procesionaban por las calles de la ciudad hispalense, la hermandad estaba fundada en el Convento de San Benito, hoy tristemente desaparecido, en la calle Relator. La Hermandad decide que junto al Crucificado quiere dar culto a la Virgen María, bajo el titulo de Nuestra Señora de la Esperanza. Por esas misma fechas el Hospital de las Cinco Llagas, tiene la imperiosa necesidad de conseguir un Reloj, que marcara la vida de aquella institución, especialmente, que marcara las horas religiosas de la Comunidad Religiosa. La Hermandad de la Calle Relator tenía un reloj que no usaban, enterados de la necesidad del Hospital de Reloj, propusieron cambiar ese viejo reloja a aquellas hermanas, por la Virgen que trajerá en su equipaje el viajero muerto en el Hospital. 

      Las religiosas aceptaron el cambio. Pero el administrador del Hospital no. El administrador de aquel hospital pidio que el intercambio no fuera a perpetuidad, sino que en algún momento, este pudiera reclamar como suya la imagen de la Dolorosa. La Hermadad podía anular el acuerdo cuando quisieran, pero no así el Hospital. La Hermandad afirmó que no haría falta ninguna firma, tan sólo que la imagen volvierá a pisar el hospital, para que está perdiera su titularidad. Es decir si la Virgen de la Esperanza volvía al Hospital esta dejaba de ser de la Hermandad y volvia a ser de aquellas religiosas. Años después, el Administrador quiso romper el contrato, pero la Hermandad se negó a ello, afirmando que sólo volvería a ser de aquel hospital si la Virgen pisaba el suelo del  mismo. 

      Pasaron los años, la Hermandad abandono su sede en la Calle Relator, y se traslado a la Iglesia de San Gil. Una madrugada del Viernes Santo, mientras la Hermandad estaba realizando su estación de Penitencia, el techo de la Iglesia se cayo. Conocido el suceso por los hermanos, se decide cambiar el itinerario de vuelta y llevar a la Virgen a la Capilla del Hospital de las Cinco Llagas. La Virgen volvía a la que fuera su primer hogar en Sevilla. Todo transcurría con total normalidad, pero al llegar a la Cruz, que indicaba el inicio del terreno del Hospital, un hombre comienza a dar voces, pidiendo a los costaleros que detengan el paso de la Virgen. La comitiva procesional se detiene. El anciano pide a los ancianos que no entren en el Hospital, que perderian a la Virgen para siempre, aquellas palabras causan un gran revuelo entre los hermanos, que angustiados se preguntan unos a otros que hacer. Habían olvidado el trato. El hermano mayor llama al anciano y preguntándole por qué sabe él eso. El anciano dice, que durante su juventud fue aprendiz de relojero y coloco el viejo reloj en el Hospital de las Cinco Llagas, y conocía la historia. La hermandad decide no entrar en el Hospital y se dirige a la Iglesia de San Hermenegildo. Desde entonces cada vez que la Macarena ha querido volver al Hospital, su barrio no ha permitido que entrará. 

         Pero en los años sesenta, la Virgen, con motivo de la Misión entro en el Hospital de las Cinco Llagas y volvió a su Basílica.

Foto.- Victor Hernández Mayoral.
Texto.- Víctor Hernández Mayoral.

viernes, 20 de marzo de 2015

LEYENDAS MARIANAS. NUESTRA SEÑORA DE LA AMARGURA. ZAMARRILLA DE MALAGA



        En las afueras de Malaga, en el camino de Antequera se levantaba una Cruz, que los malagueños llamaban de la Zamarrilla, por que allí crecía, abundantemente esta planta, una planta de escasa altura y que da flores blancas o encarnadas, que tienen gran olor y que se parece a la flor de la manzanilla campestre.


     Allí se levantó una ermita en honor de Nuestra Señora de la Amargura, una imagen de María dolorosa. Las sierras de Andalucia, hubo un tiempo, que fueron morada y hogar de bandoleros, que hicieron de sus accidentes su escondites. Uno de estos bandoleros era Cristobal Ruiz Bermúdez. Se trata de un bandolero sanguinario, que capitaneaba una cuadrilla de cincuenta personas, igual de crueles que él. Vivían en la Sierra de Ronda, armados con arcabuces, navajas y pistoletes asaltaban las diligencias o a los transeúntes, que pasaban por sus caminos. Su fama corría veloz por aquellos lares, los ciegos los convirtieron en protagonistas de su cántares. El pueblo no les tenía miedo, porque, junto a la fama de sanguinarios, corría la leyenda de que el grupo del Zamarrilla asaltaba a los ricos, una especie de Robin Hood malagueño, para compartir las ganancias de sus asaltos con los más necesitados. 

       Si los pobres se sentían ayudados, los ricos vivían atemorizados por el Zamarrilla, pronto fue el bandolero más buscado de Malaga, quitando el sueño a las autoridades de su época. Los cárteles donde se exhibía su cabeza, ofrenciendo una recompensa por su cabeza pronto llenaron la zona, pero nadie sabía o quería decir donde encontrar al malhechor, el pueblo guardaba silencio, a pesar de la gran ofrenda de oro que prometían las autoridades por la cabeza de Cristobal, que llego a Estepona, Marbella, Cártama, Grazalema, Cuevas del Becerro, Coín y las puertas de Malaga. 

        En el año 1.844 el Duque de Ahumada funda la Guardia Cívil, para luchar contra la delicuencia de los caminos de la España de mediados del siglo XIX. Pronto comenzaron a perseguir a la banda del Zamarrilla, que vio como muchos de sus hombres morían bajo el fuego de la Guardia Civil, mientras otros abandonaban el grupo por miedo a la propia muerte. Por lo que pronto se deshizo aquella banda, quedando sólo el capitan de la misma: Cristobal, que cuando el hambre llamaba a sus puertas, bajaba hasta el barrio de la Trinidad de Malaga, donde su novia le proporcionaba comida. 

       El bandolero, se sentía perseguido, la guardia Civil tenía puesto precio a su cabeza y debía dar con ella, se aumenta el precio a pagar por la misma. Pero, como ocurría, antes, ahora, pocos se atreven a dar datos certeros sobre este hombre. 

       Un atardecer, Cristobal acude a su cita con su novia malagueña, alguien le vio, y fue al Cuartel de la Guardia Civil a denunciar al bandolero. Durante aquella noche, el bandolero y la novia comparten un momento de intimidad, en el que este le confiesa que ha pensado ocultarse durante algún tiempo en las profundidades de la sierra, para no ser capturado. Además de hacer que ella le prometa que sea fiel, durante su ausencia, ella promete serle fiel y le entrega como prueba de esta fidelidad la rosa blanca que tenía en su cabello. 

    Mientras en el cuartel de la Guardia Civil, una patrulla sale en busca del bandolero con una consigna clara: “¡Vivo o muerto!” Pero capturado. Se dirige al barrio de la Trinidad, donde el bandolero vive sus horas de intimidad con su novia. Poco a poco los agentes de la guardia civil van tomando el barrio, haciendo un cerco para detener a este peligroso bandolero. El bandolero ve algo raro y se siente prisionero, intenta escapar y romper el cerco, con la intención de huir hacía la sierra, pero no lo consigue. Se siente acorralado. Todo, parece indicar, el fin del bandolero. Es su fin y lo sabe. 


      En un último intento de huir corre por un atajo hacía la ermita de la Virgen de la Amargura, con la intención de ocultarse en ella. Lo consigue. Dentro de la ermita, se da cuenta que es la primera vez en su vida que ha entrado en una iglesia. Y siente una fuerza extraña, que le hace postrarse de rodillas y mirando a la Virgen le ruega que le salve de sus enemigos. 

      En el interior de la ermita no hay ventana, ni otra puerta más que aquella por la que él ha entrado. Cristobal se siente acorralado y decide esconderse bajo el manto de la Virgen de la Amargura, la guardia civil irrumpe en la ermita. Buscan al bandolero por toda la ermita, la registran palmo a palmo, incluyendo en el registro el manto de la dolorosa, pero no encuentran nada. Parece como si a aquel hombre se le hubiera tragado la tierra. Están seguros de que se encuentra allí, pero son incapaces de verlo. “No puede ser!” “¡Es imposible!” dan voces los guardias. Cansados y seguros de que allí no esta el bandolero, el oficial de mando da la orden de abandonar la ermita. Los guardias salen de ella. 

       El bandolero abandona su escondite. Se encuentra feliz, pero a la vez emocionado. Mira a la Virgen de la Amargura, vuelve a postrarse, emocionado, llorando ante ella. Postrado ante aquella imagen le da las gracias por haberle librado de sus perseguidores y agradecido, toma la rosa blanca de su novia, saca de su faja la navaja, clavando en ella la rosa. Puesto frente a la imagen de María, clava en su pecho el puñal con la rosa, donde queda prendida la flor. Mientras ora más intensamente, sintiendo como la paz va tomando su corazón. Y decide mirando a los ojos de la Virgen cambiar su vida. La conversión ha llamado a su puerta, alzo de nuevo los ojos hacía el pecho de la Madre, y descubre, sorprendido, como la rosa blanca que él ha clavado, de un blanco impoluto, se va transformando poco a poco en un color rojo sangre, como si del pecho de María brotase un rio de sangre que cubriera por aquella flor. De nuevo se acerca a la imagen, acaricia su rostro, creyendo que aquella imagen es humana, pero se da cuenta, que las lágrimas son cristales, su rostro madera, y ella un armazón del mismo material, la única señal de vida, es la rosa blanca transformada, ahora ya toda roja. Zamarrilla siente que esa transformación es la forma que tiene la Virgen de perdonarle. Sale de la ermita y se entrega a la justicia. Condenado, no cumple toda la pena pues en la cárcel se convierte en ejemplo para sus compañeros de prisión. Fuera de la cárcel se mete en un convento, próxima a la Ermita de la Virgen de la Amargura de Malaga, de donde sólo salía una vez al año, el día del aniversario de su conversión, iba a la ermita, y ponía a las plantas de la imagen una rosa roja, en recuerdo de aquella que atravesará el corazón de la Madre, rosa que el mismo cortaba de un rosal, que había plantado en el convento y que cuidaba con mimo. Un noche, cuando iba camino de la ermita, fue asaltado por unos ladrones, al ver que nada tenía de valor, más que su rosa roja, fue apuñalado por aquellos hombres. Los frailes salen en su busqueda, alarmados por su ausencia y en el camino encuentran el cadáver de Fray Cristobal cubierto todo de sangre, en su pecho, una rosa que en lugar de ser roja, como había salido del convento, aquella tarde, ahora era blanca. Todos creyeron que era la forma que la Virgen había tenido de manifestar publicamente el perdón que había concedido a aquel hombre. 



      Algunos devotos de Nuestra Señora de la Amargura, afirman, que algunos años, al llegar la Semana Santa, entre las rosas, siempre rojas que adornan a la Virgen, han visto una rosa blanca, que nadie allí ha puesto. De un blanco tan hermoso, como ningún rosal puede dar. Y todos los años el Jueves Santo la Virgen de la Amargura abandona su ermita y recorre las calles de la ciudad de Malaga. Portando en su pecho una rosa de color rojo, que recuerda aquella rosa que el Zamarrilla clavase un día.

jueves, 19 de marzo de 2015

LOS RECUERDOS DE MARÍA. EL PRIMER ENCUENTRO CON JOSÉ


       A diario acudo a fuente de Nazaret, a las afueras del pueblo a recoger el agua que usamos, en casa, para la comida. Hasta no hace mucho, era Ana, mi madre, quien lo hacía. ¡Cuántas veces fuí con ella! ¡Cuántos fríos pasó cogiendo el agua!, la pobre decía que le dolían las uñas de lo fría que estaba el agua. Ahora, soy yo la que pasa esos fríos, la que siente como me duelen las uñas en invierno, cuando el agua trae el recuerdo frío de la nieve del Monte de Nazareh.

      ¡La fuente! Cuántas veces dejabamos el cántaro en el caño y hablabamos, hablabamos las mozas del pueblo. Hablabamos de nuestras cosas, a pesar de toda, aún somos niñas y tenemos toda la vida por delante, no hace mucho jugábamos a ser mayores, y ahora que somos casí mujeres, añoramos aquellos juegos. Nos sonrojamos ante la mirada de cualquier muchacho que pasaba por allí, y son muchos, los que pasan. 

      Alguna, hablo el otro dia de la nueva familia que había venido al pueblo. Venían de Jerusalén, y habían abierto la vieja carpinteriaa de Nazareth. Hablaban de un chico, algunas decían que era muy guapo, yo no sentí nunca nada especial por los hombres, me parece que mi corazón ya esta ocupado.....

      La fuente sigue llenando los cántaros.

      Esta mañana he ido sóla a la fuente, las otras no estaban. Era demasiado temprano. Pero mi padre debía comer antes y madre me mandó ir a la fuente antes del mediodía. 

      La fuente estaba solitaria, níngún cántaro esperaba en la pila. El silencio del paraje sólo era roto por el agua al caer sobre el cristalino lecho de la pila. Puse mi cántaro y espere a que se llenará. En el cielo aparecían algunas nubes, presagios de tormenta. Cuando se lleno, lo cogí, pero una sombra me sobresaltó, el cántaro cayo al suelo, y se  rompio.



      Allí estaba él, aguardando su turno. Azorada miraba el cántaro y le miraba. Sonreía, divertido. mirando el cántaro roto en el suelo. Su sonrisa enjorecio mi rostro .mientras mi corazón parecía acelerarse, las piernas parecían no ser capaces de sostener mi peso. ¿Qué me pasaba? Nunca había sentido nada así. 

       Me tendio su cántaro y me dijo:

      - Toma mi cántaro, llenalo.

      Cogí su cántaro y lo llene, mientras le miraba, descubría su sonrisa, su mirada, su olor a madera recien cortada. No le conocía, pero ¡me sentía tan bien a su lado!

      Sonriendo me dijo:

      - Soy José, y yo me aleje de su lado, mientras él me miraba desde la fuente y yo lo miraba a él.




Fotos de la Fuente de la Virgen María en la ciudad de Nazareth, muy cerca de la Basílica de la Anunciaión, donde la tradicción asegura que el Ángel hablo a María.

jueves, 12 de marzo de 2015

LOS RECUERDOS DE MARÍA. LA ÚLTIMA SEMANA DE JESÚS. VIERNES DE DOLORES


      ¡La Pascua! Un año más he dejado Nazaret, para venir a Jerusalén a celebrar la Pascua. Son días especiales para mí, ¡añoro a José! Siempre que llegaban estos días, él era quien preparaba todo para el viaje, ¡ahora, con su ausencia, tengo que pedir ayuda a las parientas, siempre dispuestas a acogerme en su caravana! 

      ¡La Pascua! Para mí, en los últimos años, tiene un sabor especial, son días de reencuentro con Jesús, desde que se fue de case, hace tres años, apenas nos vemos. Recuerdo, ahora, que estoy cerca de Jerusalén, un día, que acudí a una aldea cercana a Nazaret, y cuando le dijeron que yo estaba allí, contesto: “¿Quién es mi madre y quienes son mis hermanos?” Me dolió, como no iba a dolerme aquellas palabras. Jesús siempre fue una persona con respuestas difíciles, que hacía preguntas nada fáciles de contestar. Recuerdo que José siempre me decía, azorado, “no sé contestar, no sé responder, y parece que disfruta poniéndome a prueba con sus preguntas. ¿Por qué no puede ser como los demás niños?” Y, pronto, muy pronto encontraba la respuesta..... No podía ser, no era como los otros niños, era...... 

       Recuerdo la alegría de aquellas primeras Pascuas, al poco de casarnos, o cuando Jesús era todavía un niño, y venia con nosotros, estos caminos son los mismos, pero ¡qué distintos son este año! Parece como si todos los olivos del camino se hubieran conjurado para ofrecer su lecho a mi Hijo. ¡Cómo si todos los olivos quisieran ser el pañuelo que recogiera sus lágrimas! Y siento en el corazón un dolor grande, un dolor que sólo sentí en otra ocasión y fue también, aquí, en Jerusalén..... ¿Estará llegando la Hora? 

       Todos van contentos, cantando salmos, pero yo este año no puedo cantar, la angustia que siento en mi corazón me impide la alegría. Estos tres años no han sido fáciles, para nada, yo diría que han sido años duros, muy duros, donde la muerte ha estado acechando tras cada esquina, en todos los montes de Israel, en el Monte de Nazaret, donde un día quisieron asesinarle, por decir quien era. ¿Por qué nadie le creyó entonces? Esperaban signos y no hizo ninguno, desde entonces la gente me mira mal, me señalan como la madre del loco del pueblo, y cuando me alejo puedo escuchar: “Va a acabar muy mal, pobre”. ¿Acaso está el reloj marcando, en estos momentos, esa hora? 

       Este año no hemos entrado en Jerusalén, desde el Monte de los Olivos, hemos emprendido camino hacía Betania, donde viven Marta, María y Lázaro. Jesús no estaba allí, era tarde cuando llegamos, y María, solicita, me acompañado hasta la habitación que siempre me tienen preparada para mí. La tarde cae, y Jesús no ha llegado todavía.................

 Imagen.- Nuestra Señora de los Dolores.
Autor.- Pedro de Mena.
Autor del Texto.- Víctor Hernández Mayoral

LA ICONOGRAFÍA MARIANA.LA PIEDAD


      Una vez muerto Jesús, el Cuerpo hay que bajarlo de la Cruz. La fe piadosa del pueblo cristiano, coherentemente ha querido ver el Cuerpo de Jesús roto, por la Pasión, colocado sobre el regazo de María, que llora la muerte del Hijo Amado, sentada en una piedra del Calvario, o de rodillas ante el cuerpo muerto de Jesús. Este tipo iconografico recibe varios nombres: Piedad, Pietat , Angustias o Llanto sobre Cristo Muerto, todas ellas representan este instante de la vida de María, con el que en este tiempo de Cuaresma, quiero inaugurar este apartado de mi blog, sobre la iconografía Mariana, en él iré presentando diversas imágenes de María, con Jesús muerto. 

      La imagen de María con Jesús sobre su regazo no se recoge en ninguno de los Evangelios, tan sólo Juan, nos dice que junto a la Cruz de Jesús estaba “su madre”. Una piadosa tradición, que vemos reflejada en la décimo tercera estación del Vía Crucis ha querido ver como una vez, que el Cadáver de Jesús es bajado de la Cruz por Nicodemo y José de Arimatea, momentos antes de ser preparado, con prisa, por ser la Vispera del Sábath, víspera del día más importante del Calendario Judío: La Pascua; es puesto en los brazos de la Santísima Virgen María. 

      El tema de la Piedad surge al comienzo del siglo XIV, basado en el canto penitencial Stabat Mater, en esa época surgen una serie de visiones en las que se describe el cuerpo de Cristo muerto sobre las rodillas de María, entre ellas tenemos las Meditaciones de Pseudo Buenaventura, Efusiones de Enrique de Berg, en las Revelaciones de Santa Brígida de Suecia ““Lo recibí sobre mis rodillas como un leproso, lívido y magullado, porque sus ojos estaban muertos y llenos de sangre, su boca fría como la nieve, su barba rígida como una cuerda” [Santa Brígida de Suecia, Profecías y Revelaciones, Libro 1, capítulos 27 y 10.] o en el Planctus Mariae del cisterciense Ogiero de Locedio. 

     Esta iconografía surge en los conventos de mujeres del Valle del Rhin en el siglo XIV, se realizan pequeños grupos que representan a la Virgen con Jesús muerto sobre su regazo, llamadas Vesperbilds, con el que se hace alusión a la hora en la que se supone Jesús fue bajado de la Cruz y puesto en los brazos de María. En estas primeras piedades Jesús es representado de menor tamaño que la Virgen, con las huellas de la Pasión reflejada en su cuerpo. Mientras María aparece avejentada por la huellas del sufrimiento vivido durante las últimas horas de la vida de su hijo. En el siglo XV, la imagen de María se dulcifica, ya no aparece tan avejentada, manifestando su dolor, ya no con la intensidad de las primeras manifestaciones que hemos referido, María aparece, como una mujer joven, su dolor es más contenido, y el tamaño del Hijo es más realista, descansando sobre el regazo de la Madre. Además de dulcificar la imagen, se añaden nuevos personajes al grupo de la Piedad, Juan y María Magdalena. 

      En el siglo XV se extienden la iconografía de Nuestra Señora de la Piedad por Francia, principalmente a dos motivos: las Hermandades y Cofradías que se fundan y extienden la devoción a Nuestra Señora de la Piedad, y las láminas que los monjes plasman en los libros de las horas de la nobleza. A partir de Francia, la imagen de la Piedad se extiende por el resto de Europa, a Castilla, a España llega a través de las ferias teniendo una gran importancia en el arte escultórico español.

martes, 3 de marzo de 2015

LA SAGRADA FAMILIA


Obra.- La Sagrada Familia. 
Autor.- Claudio Coello 
Técnica.- Óleo sobre lienzo 
Lugar de culto.- Museo de las Bellas Artes de Budapest (Hugría) 

      Claudio Coello es uno de los principales representantes de la escuela barroca madrileña. En sus obras podemos apreciar un importante uso de la gama cromática, aprendida durante su estancia en Italia, donde tuvo contacto con la escuela veneciana. Nombrado pintor de la Corte durante el Reinado de Carlos II, del que nos deja abundantes retratos.

       El autor representa a la Sagrada Familia de Nazaret en una escena cotidiana, un paseo de los padres junto a Jesús por los alrededores de su pueblo. La cotidianidad de pronto se rompe al aparecer, tan sólo el niño se da cuenta, el Padre Dios en el cielo, con todo su gloria y poder, enviando el Espíritu Santo en forma de paloma sobre el pequeño infante. Esta obra de Coello es conocida por muchos autores como La Trinidad de la Tierra. 

      En medio de un camino, el que apenas hay vegetación, salvo alguna hierba y un árbol sin hojas, aparece la Sagrada Familia. Jesús, niño de tres o cuatro años, con cabello rubio aparece en el centro, asido por las manos de su padre, uno a cada lado del Niño. La mirada del Niño se eleva, ligeramente, ladeada sobre el manto de María, al sielo. Sobre ella un halo de luz y resplandores nos recuerda su divinidad. Viste una túnica de color ceniza, recogida en un pequeño cínculo que nos deja ver un pie del Niño, que va caminando. María, la Madre, mira llena de ternura al pequeño, mientras le ofrece su mano izquierda, poniendo la derecha sobre el pecho, en actitud de humildad, recordando que ella “es la esclava del Señor”. Viste una túnica roja y un manto azul, además de un transparente velo. Sobre su cabeza, recordando la visión de San Juan en el Apocalipsis una diadema o corona de doce estrellas. San José es un hombre maduro, pero no un anciano, que algunos autores han querido reflejar en sus obras, alejado de una vieja tradición no evangélica que ve en el patriarca un anciano, muy cercano a la muerte. José es un hombre cansado por el camino, preocupado por el Niño, al que da su mano, mientras se agacha e intenta salvar una piedra del camino, ayudado por su bastón, en el que ha florecido la azucena, milagro por el que ha sido elegido esposo de la Virgen María. Viste una túnica de color marrón oscura y se cubre por un manto de un marrón mas claro. Sobre su cabeza un halo redondo, sin adornos, nos recuerda su santidad. 

      Sobre la Sagrada Familia aparece abierto el cielo, en él Dios todopoderoso, mira a su Hijo, con un cetro de rey en su mano y apoyado sobre el orbe, que sostienen tres ángeles, viste una túnica gris muy clara, alrededor de él aparecen más cabezas de ángeles, parece enviar sobre su Hijo, el Niño Jesús, el Espíritu Santo, en forma de paloma, como descenderá el día del Bautismo de Jesús en el Jordan. Por lo que esta obra podría ser tomada como una prefiguracción de aquel momento, el Jordán se transforma en un polvoriento camino, y Juan en María y José como testigos de este instante.